Por
Pedro Fernández Vicente
jueves 25 de noviembre de 2010, 00:00h
Actualizado: 07/12/2010 10:20h
No voy a negar que lo que hicieron Xabi Alonso y Sergio Ramos en el partido contra el Ajax no me incomodara. Me resultó, en principio, extraño y después un poco feo. Quizá se podía haber optado por hacerlo con Xabi y sacrificar a Ramos. Al fin y al cabo las circunstancias son distintas: Ramos tiene suplente y Alonso no. Pero se hizo como se hizo y ya está.
¿Es este un hecho único en la historia del fútbol?, pues no. Es muy, pero que muy frecuente, ver cómo un jugador que está próximo a ser castigado con un partido de sanción, por acumulación de tarjetas, fuerce una más para cumplir la sanción en los partidos de menos trascendencia y poder así jugar esos otros que dan imagen y prestigio. Es adaptarse a la ley y cumplirla con el menor daño profesional posible. ¿Dónde está el delito?, ¿Son los únicos que lo hacen? Si la UEFA no sabe poner normas más inteligentes que impidan estas circunstancias que cambien de ejecutivos, pero que no pidan a los castigados que se autoinmolen, porque eso va contra el derecho. Lo hacen todos y en todas las ligas y competiciones. En las tertulias de aficionados se comentan estas pillerías como algo normal. Que no es bonito, pues no. Pero ahí está la norma y cada cual se defiende de ella como puede. Y esta es la forma de evitar que la acumulación de tarjetas deje fuera del equipo a un jugador importante como Xabi Alonso.
Sin duda, es mejor que el donostiarra deje de jugar el partido contra el Auxerre, cuando ya está todo decidido, que, por una circunstancia descontrolada, viera una tarjeta en ese partido del mes de diciembre y dejase de jugar el primer encuentro de Octavos de final de Champions en el mes de febrero, con el consiguiente perjuicio para el Real Madrid.
Pero una mirada un poco más detenida nos permite darnos cuenta de hasta dónde es capaz de llegar el entrenador. No triunfa por casualidad, es observador, está pendiente de todo lo que afecta al Real Madrid, en cualquiera de sus facetas y cuida el detalle por minúsculo que sea. De ahí su éxito. Lleva razón cuando dice que no es Harry Potter, que todo se debe al trabajo. Es verdad. Que un entrenador, en pleno partido europeo se acuerde de las tarjetas y reaccione para buscar soluciones a problemas que pueden suscitar quebraderos de cabeza y afectar la marcha del equipo en el mes de Febrero, aunque no nos guste demasiado el detalle, merece un aplauso, con alguna pequeña crítica, pero aplauso al fin y al cabo por su profesionalidad, que tan escasa está hoy en día.
Quizá la UEFA debería fijarse en él, para después de finalizar su contrato con el Real Madrid.