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Digo Mariano

Digo Mariano

Por Enrique Villalba
martes 02 de noviembre de 2010, 00:00h
Resulta que Alberto Ruiz-Gallardón considera que "hay tareas sin duda mucho más importantes que ser alcalde de tu ciudad, no cabe duda de que, no solamente por trascendencia económica, sino por capacidad de decisión". Es decir, el regidor de Madrid ha dicho oficialmente lo que antes solo era carne de confidencial: que no quiere ser candidato al Ayuntamiento y que quiere seguir a Rajoy hacia el Gobierno cuando Zapatero se lo está sirviendo en bandeja.

Eso es ahora. No hace mucho decía que el mayor honor que puede tener un político es ser alcalde de su ciudad. Es más, en el debate del Estado de la Ciudad del 19 de junio de 2009 anunció el pacto al que había llegado con el presidente de su partido para repetir en las elecciones municipales de 2011. Y, como él mismo ha manifestado, no abandona su puesto a mitad de mandato, con lo que es mejor no empezarlo.

Es aquello de 'Donde dije digo, digo Diego', o más bien 'digo Mariano', porque es el que quiere que le saque del ostracismo que parece suponer para el alcalde dirigir el municipio más potente de España. Y es curioso, porque se trata de un político que lleva a gala cumplir con lo que promete y cuyo equipo se jacta ante la prensa de que otros responsables públicos se desdicen al grito de "la hemeroteca es durísima".

Para Ruiz-Gallardón es momento de pedir paso. El ex presidente de la Comunidad de Madrid ya se quedó con la miel en los labios hace dos años cuando Rajoy le negó, Aguirre mediante, la posibilidad de ir en sus listas, en las que esperaba compatibilizar su cargo en el Congreso con la Alcaldía. Tras un órdago a la grande en que amenazó con abandonar la política, desarrolló una hábil estrategia de cirugía política: la hibernación local (es decir, preocuparse de sus asuntos municipales sin dar apenas escándalos relevantes) salpicada de intervenciones incisivas como la que le llevó a discutir con Zapatero en pleno desfile de las Fuerzas Armadas por la refinanciación de la deuda, y el apoyo total al presidente del PP, a veces siendo más marianista que el propio Mariano.

No le ha salido al alcalde mal la jugada hasta ahora. Sin embargo, parece que vuelve por sus fueros. Ha entrado en campaña. Su verdadera campaña. La que quiere que le lleve al Congreso. A pesar de que prometió que no volvería a pedir que le llevaran, está claro que reivindica un estatus para su fama de político 'pata negra'. Tiene la esperanza de mover recursos ministeriales en favor de los ciudadanos. Para eso, como es casi seguro que el PP ganará las próximas elecciones en Madrid, debe quitarse de encima el cartel de alcaldable, con bastón y collar incluidos, en una legislatura muy difícil en lo presupuestario que promete ser un avispero para los populares a poco que la oposición haga su trabajo. Le espera una cartera o una portavocía del Gobierno en caso de que gane el PP, o los principales puestos en la oposición si pierde. Y en el horizonte ya vería la sucesión de Rajoy, que podría acelerarse en caso de derrota.

Por supuesto, queda ver la cara B del culebrón, que es la que llenará los periódicos locales hasta mayo de 2011. ¿Quién sustituirá a Ruiz-Gallardón? El nombre que está en boca de todo el mundo sería Ana Botella, candidata agradable a ojos del sector aguirrista municipal, aunque quizás una aspirante más débil que el actual regidor para mantener la mayoría absoluta en la capital. Cobo casi estaría descartado después de su 'vómito' contra la presidenta regional y su suspensión de militancia, aunque Ruiz-Gallardón no debería dejar que su guardia de corps pierda de nuevo las riendas del partido donde él ha gobernado (como ya pasó en el batacazo del vicealcalde por la presidencia del PP de Madrid).

También hay que tener en cuenta que la oposición se ha reforzado. Lissavetzky llega a Madrid con la vista puesta en la Alcaldía de 2015, aunque no le haría ascos a un Gobierno prematuro, en solitario o en coalición con la Izquierda Unida de Ángel Pérez, reforzada tras una legislatura bastante solvente. También podría aliarse con la división municipal de Unión, Progreso y Democracia, que se desdiría de su principio del gobierno en minoría si aceptase la coalición.

Por supuesto, la otra derivada de la ecuación es Esperanza Aguirre, que ya debe de estar afilando las garras para dificultar el salto del regidor. Rajoy tendrá que medir bien sus movimientos porque se arriesga a perder a sus dos grandes espadas en el bastión de Madrid a cambio de ganarlos para el Congreso (Ruiz-Gallardón por petición y Aguirre por compensación). Eso en una campaña regional y municipal que estará marcada por el 'Gürtel', el 'Guateque' y los problemas económicos con el Estado y con la deuda.
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