Por
Pedro Fernández Vicente
jueves 07 de octubre de 2010, 00:00h
Actualizado: 08/10/2010 09:05h
Mourinho ha llegado al Real Madrid en un momento oportuno. Quizá un poco tarde, si nos atenemos a los deseos que manifiesta el Bernabeu, un estadio exigente, sabio y poco paciente, pero a tiempo de rescatar al equipo de esa situación límite en la que se encontraba al finalizar la temporada pasada.
De Mou, como se le conoce en los ambientes periodísticos y próximos, hombre dispuesto siempre a la polémica, a la sorpresa dialéctica y a las declaraciones sorprendentes, se han dicho tantas cosas que, digamos lo que digamos, no será nuevo pero servirá para acumular datos sobre su personalidad interesante y singular. Tengo que confesar que la noticia del fichaje por parte del Madrid de este nuevo, pero ampliamente conocido entrenador, despertó muchas dudas en el madridismo, por esa fama que le precedía y que suponía la llegada de un fútbol más defensivo que otra cosa y con menos espectáculo del que piden los asiduos al campo de la Castellana, acostumbrado a grandes tardes de fútbol. Una suposición que se despejó, al menos parcialmente, en la primera rueda de prensa que ofreció a su llegada a la capital de España, pocos días después de hacerse público su fichaje.
Esa comparencia masiva ante los medios fue rica en matices y marcó un antes y un después en mi apreciación de este hombre que llegaba con otras ideas y con las ganas de un principiante a la casa blanca. Recuerdo que me deshice en elogios en comentarios, tertulias, con amigos y en estas mismas páginas, por aquellas palabras y por el escenario, casi perfecto en materia de comunicación. Sin tener toda la certeza de que este sería el entrenador y el momento que esperábamos los aficionados al fútbol, me entregué a sus postulados, a los que defendí con la fe del converso. Me convencieron sus maneras y esos conceptos que vertió y, decididamente, me puse de su lado y le apoyé en ambientes distintos y, ante mi viejo y gran amigo Santos, con el que mantengo un debate permanente y enriquecedor desde años, comprometí mis modestos conocimientos futbolísticos sobre el futuro que íbamos a vivir con él.
Lógicamente ese compromiso y defensa que hice ha ido marcando los primeros partidos de la temporada. Una etapa marcada por la falta de definición en el juego, la ausencia de gol de los delanteros y la escasez de confianza del 'mister' en la cantera. A pesar de todo siempre he visto, y sigo viendo, al entrenador del presente, necesario para formar un grupo homogéneo y ganador de cara al futuro, en el que tendrán cabida los jóvenes que se sientan integrados en el grupo y se esfuercen, con su trabajo, para entrar a formar parte de un proyecto que no será cosa de una liga, ni de dos temporadas, sino de unos cuantos años en el que la calidad de hoy se irá transmitiendo a las promesas que vayan apareciendo.
Estamos en manos del mejor, dijo Florentino en la Asamblea de socios. Y creo que es verdad. Este hombre serio, joven y arrogante, sabe lo que quiere y sólo necesita tiempo para irlo poniendo en marcha. Un poco de paciencia que siempre es mucho pedir, sobre todo para los aficionados blancos que han visto circular entrenadores de todo tipo y condición por un banquillo que se parece más a un agujero negro que se traga a todo el que se sienta en él que a un espacio deportivo. Pero, considero, que ha llegado otro tiempo.
De momento las cifras desmiente las primeras acusaciones de entrenador defensivo a ultranza. Es verdad que la organización del equipo parte de una defensa segura, atrás y en el centro del campo, pero eso, y se empieza a demostrar, sin olvidarse jamás de un ataque al que sólo le falta un poco de fluidez y tranquilidad para acertar en sus propósitos.
Y ya empiezan a verse las caras nuevas, el semblante de la cantera, al mismo tiempo que van llegando los detalles de calidad. Es preciso que haya buen juego y entendimiento para que las promesas, inexpertas todavía, puedan encajar en esos esquemas y desarrollarse, antes de caer en la apatía general y el desconcierto que transmite un grupo de jugadores cuando no hay juego de equipo.
La paciencia es la madre de la ciencia. Demos ese margen de confianza.