lunes 27 de septiembre de 2010, 00:00h
Actualizado: 04/10/2010 13:31h
Primero fue el Mundial de Fútbol, con todo lo que ello trajo aparejado: la periodista Sara Carbonero en la prensa extranjera acusada de influir negativamente en los resultados de San Iker porque sus ojos moros le distraían. La periodista Sara Carbonero se coloca detrás de la portería de San Iker para atraer a las cámaras. La periodista Sara Carbonero esto, aquello, lo de más allá. Ella tuvo la profesionalidad de aguantar el chaparrón y el tipo, y seguir haciendo su trabajo todo lo bien que sabe.
Pero no paró ahí la cosa. Después vino el espectáculo: invitada a realities, seguida por los reporteros, acosada por los paparazzi, fotografiada en bikini, perseguida por tierra, mar y aire... y criticada por todo lo que hace y lo que no hace, casi en igual proporción. Lo último -no se me ocurre cómo se puede ir más allá- es lo de sus bragas: la periodista Sara Carbonero se cae en un pasillo y, como siempre la están filmando, un cámara recoge el tortazo. Las imágenes se repiten una y otra vez, con imagen congelada en el momento álgido en el que se hace visible su ropa interior. Por si alguien se ha despistado, rodean la zona objeto de estudio con un circulito, para que no haya lugar a dudas. Y el vídeo se convierte en uno de los más vistos de muchos digitales, incluidos los de la prensa 'seria'. Para vergüenza -debería dársela, si la tuvieran- de quienes deciden incluir este tipo de 'informaciones'. Porque ¿cuál fue su delito? ¿Llevar falda? ¿Tener piernas? ¿Usar tacones? ¿Caminar?
Sara Carbonero es joven, y es guapa. Muy guapa. Pero eso no es un delito. Si estamos de acuerdo en que es inaceptable discriminar a quien es gordo, patizambo o bizquea, ¿por qué discriminar a quien nace guapo?¿Es culpa suya?¿Le resta eso facultades intelectuales? Es obvio que no; tanto aquellos como ésta tienen derecho a ser juzgados por su trabajo, por la calidad de sus informaciones y la precisión de los datos que aporte, o por la originalidad de su presentación, o por cualquier otro talento que sea capaz de desarrollar, independientemente de su aspecto físico. Lo de las rubias -o morenas, el color da igual- tontas es un tópico tan pasado como que las mujeres no sabemos conducir o leer un mapa, o que los hombres no tienen sensibilidad. ¡Un poquito de por favor, que estamos en el siglo XXI!