Por
Pedro Fernández Vicente
miércoles 15 de septiembre de 2010, 00:00h
Actualizado: 23/09/2010 17:17h
Hace tiempo que se veía venir lo de los liberados sindicales. Nada nuevo bajo cielo madrileño, aunque el tema merece un comentario. El discurso de Esperanza Aguirre sobre el estado de la región ha durado alrededor de cien minutos en los que se ha detenido relajadamente en cada materia, con un buen dominio de la técnica del discurso, demostración de buena memoria y un control y conocimiento de los temas de todo su gobierno envidiable. La presidenta ha ido explicando, casi improvisando, el trabajo de sus Consejeros, y el suyo propio, durante todo el año sin escatimar explicaciones, excepto en el tema sindical. Al referirse al recorte de los liberados lo ha enunciado y lo ha dejado en el aire, como esperando que las reacciones venideras se encarguen de aclarar si se debe hacer con mayor o menor contundencia. En el futuro lo veremos pero, hoy por hoy, ha sido la cuestión en la que menos generosa ha estado la Presidenta Aguirre, a la hora de dar explicaciones y eso que era la más esperada por todos. Bueno la más esperada por la oposición, al considerar una actuación difícil de resolver, porque meter el dedo en el ojo a los sindicatos no resulta cómodo en ninguna situación y menos en un momento tan crítico y delicado como es la proximidad de una cita electoral.
No se puede negar que abordar la problemática de los liberados sindicales a poco más de seis meses de las elecciones es una decisión difícil, aunque, como es el caso, la Presidenta piense que en algún momento hay que tomarla. Desconozco si la medida será eficaz, en lo económico, porque no dispongo de los datos para juzgarlo, pero socialmente es una cuestión de relevancia que vendrá acompañada de reacciones, con toda seguridad, y de una respuesta sindical que generará un conflicto en el mundo laboral con amplio reflejo en la crítica política, aunque, de momento, no se haya puntualizado y los detalles hayan quedado aplazados.
El debate sobre los liberados sindicales es cosa antigua, ya se venía hablando de ello desde la aprobación del Área única sanitaria, que dejaba en una las once áreas que tenía Madrid, con la consiguiente reducción de efectivos y, se supone, también de liberados sindicales.
Habrá mucha tinta y muchas palabras alrededor de las diferentes posturas que genera una decisión como esta y tendremos ocasión de escuchar y leer opiniones para todos los gustos.
Lo veremos.