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La fuente del Berro

La fuente del Berro

sábado 07 de agosto de 2010, 00:00h
En pleno corazón de Madrid hay un pequeño jardín que ha pasado inadvertido por la proximidad de su hermano mayor: el Retiro. Se trata de la Fuente del Berro, un parque que Madridiario te invita a recorrer este verano.
Los terrenos donde se asienta el parque de la fuente del berro fueron zona de huertas durante siglos, utilidad propiciada por la proximidad del arroyo Abroñigal, ahora transformado en M-30. En la primera mitad del XVII, Bernardino Fernández de Velasco, duque de Frías, reunió por compra estos terrenos para dedicarlos a casa de campo, manteniendo la actividad tradicional. La finca pasó por varios propietarios hasta ser adquirida por el Ayuntamiento de Madrid en 1948; su primitivo carácter rústico se irá transformando en suburbano a medida que la ciudad va extendiéndose hacia el este, de manera paralela el espacio transforma su primigenia función como tierra de labor en zona de jardín, claramente visible ya en la documentación correspondiente al último cuarto del XIX.

La actual ordenación paisajista parece tener sus raíces en el gozne de los siglos XIX y XX, cuando se plantea la instalación de un parque de fiestas para el que se acuñó el nombre de 'Nuevos Campos Elíseos'; de 1897 datan los comienzos de las obras (acceso al parque, edificio de administración y restaurante) y el inicio del ajardinamiento (paseos, puentes rústicos y cascada); las obras se paralizaron en 1902, al salir los terrenos a subasta. La finca recobró su carácter de propiedad familiar, integrando las obras realizadas en la ordenación de un jardín cuyas líneas maestras pudieron ser trazadas, en el primer tercio del XX, por Cecilio Rodríguez. (n. 1865). El parque fue declarado jardín artístico por Decreto de 31 de julio de 1941.

El nombre del parque proviene de la existencia, fuera de sus límites pero adyacente a él, de una fuente de uso público, llamada del berro, popular tanto por la abundancia como por la calidad de sus aguas, hasta el extremo de convertirse, desde 1686, en la proveedora exclusiva del agua de mesa servida a María Luisa de Orleans, esposa de Carlos II. Las transformaciones urbanísticas sufridas por Madrid también han afectado a las aguas de la fuente del berro, que hoy se muestra escasa y de una calidad dudosa.

El acceso al parque se realiza por la calle Enrique D’Almonte; una reja de hierro abierta en una tapia de ladrillo visto, con cierto aire neo-mudéjar, constituye la entrada principal; a ambos lados de la puerta quedan sendos pabellones de ladrillo, a uno de ellos está adosada una torre con reloj, también neo-mudéjar. La glorieta de acceso presenta una ordenación circular, marcada por un seto de aligustre recortado, en el que se permite el desarrollo regular de algunos pies a los que se poda de forma esférica; en medio de la glorieta se ubica una fuente, cuyo carácter central queda aún más marcado por el jarrón clásico del que mana el agua. Toda esta estructura, incluyendo la puerta de acceso y las construcciones colindantes, se relacionan con el intento de convertir esta finca en un parque de fiestas, por lo que quedan datadas a fines del siglo XIX.

El edificio principal conserva, a su entrada, los restos de un "jardín sevillano" construido en el primer tercio del siglo XX, del que se distingue aún parte de su mobiliario con azulejos; éste ha perdido su estructura, transformándose en un parterre naturalista, de cuidadas formas, en el que –desde 1980- se encuentra instalada una estatua dedicada al poeta ruso Alexander Pushkin (1799-1837), en la que el autor, instalado entre el romanticismo y el realismo, parece contemplar pensativamente el palacete. Bajo la terraza superior, bordeando el edificio hacia el norte, pueden apreciarse los restos de una gruta artificial, en cuya decoración se distingue un aire modernista. Desde el palacete se domina el resto del jardín, organizado en terrazas regulares para superar el fuerte desnivel existente. Una prolongada escalera rememora modelos clásicos, donde la balaustrada, los jarrones y pilastras encuentran perfecta ubicación; su estado general remite a una decadencia que le otorga un cierto aire romántico; la escalera acaba frente a una pequeña plaza, con una fuente circular central, que marca el nexo de unión entre los jardines que bordean el palacete y la entrada al parque por la fuente del berro.

Enorme riqueza vegetal
Desde esta glorieta, y por un nuevo conjunto de escaleras, esta vez de buscado aspecto rústico, descendemos hacia un jardín de trazos románticos donde el agua se enseñorea del conjunto. Es una rememoración de lo que debió ser la salida natural de la caudalosa fuente del berro en su discurrir hacia el arroyo del Abroñigal, ordenada aquí en tres elementos diferenciados: un pequeño estanque –con un enrejado de hierro-, su continuación en una ría bordeada de frondosa vegetación y el remate final en una cascada.

A ambos lados de este camino de agua se extiende un parque abierto donde, sobre una superficie de césped, se encuentran dispersos algunos pies de cedros del Atlas (Cedrus atlantica (Endl.) Carrière) y del Líbano (Cedrus libani A. Richard) -éste de acículas más oscuras-, castaños de Indias (Aesculus hippocastaneus L.), magnolios (Magnolia grandifolia L.), plátanos de paseo (Platanus hispanicus Miller), árboles del amor (Cercis siliquastrum L.), árboles de júpiter (Lagerstroemeria indica L.), madroños (Arbutus unedo L.) y palmitos (Chamaerops humilis L.), entre un amplio y polícromo conjunto de árboles y arbustos. Algunos pabellones de paredes de mampostería y techo de pizarra negra, quieren recordar el aspecto decimonónico del jardín, colabora a ello un conjunto monumental dedicado a Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870), obra del escultor Santiago de Santiago, inaugurado en 1974. Es esta zona del parque donde la diversidad de las plantaciones es más amplia; por ella discurre la mayor parte de una senda vegetal, marcada por el Ayuntamiento madrileño en 1993, a través de la cual se obtiene información de treinta y siete especies arbóreas.

Estos jardines se unen, hacia el este y a través de un marcado talud, con un espacio de protección de la carretera de circunvalación, conocido como 'jardines de Sancho Dávila', mediante los que se enlaza esta zona con La Elipa, a través de un puente construido al efecto de salvar la M-30. En su zona de contacto con el parque de la fuente del berro se ha instalado una zona de juegos infantiles con algunos plátanos de paseo (Platanus hispanica Miller) y pinos (Pinus pinea L.), al que miran las fachadas traseras de algunas de las casas que conforman la colonia de la fuente del berro. Sólo destaca la escalera, en marcadísima pendiente, que une esta zona con el jardín propio de la antigua finca; el talud sostiene una densa vegetación arbórea que convierte esta escalera en una auténtico túnel vegetal.

Los jardines que se extienden por las laderas que unen el palacete con el antiguo cauce del Abroñigal, los ubicados hacia el oeste de la ría, tienen un marcado carácter naturalista. Alternan los claros de las praderas con espacios densamente poblados, donde las grandes coníferas ejercen su predominio sobre el resto de la vegetación arbórea. Se obtiene así un ambiente de continuas sombras, que contrastan con el soleado espacio que ofrecen las zonas de praderas. El camino se recorre a través de unas escaleras de estilo rústico, de gran pendiente, con huella de arena compacta. En la zona más baja se ha reservado un lugar para juegos infantiles, con mobiliario diseñado ex professo.

Un espacio romántico, pese al trafico
Los límites inferiores del parque, donde antaño se ubicara el cauce del Abroñigal, soportan ahora el denso tráfico de una carretera de circunvalación (M-30); aquí estuvo ubicada la "ría grande", parte final del trayecto del agua procedente de la ría, que se arremansaba formando un lago con una isla central. Este romántico espacio se transformó al construirse la autovía, el fortísimo impacto acústico se intentó frenar mediante unas pantallas levantadas en 1991; también con intención de aminorar el ruido, se plantó un arboreto con las especies habituales en otros jardines madrileños: el sustrato calizo propicia la presencia de encinas (Quercus rotundifolia Lam.) y pinos piñoneros (Pinus pinea L.), junto a pies de olmos (Ulmus minor Miller) en las zonas húmedas; completan el conjunto algunos cedros llorones (Cedrus deodara (D. Don) G. Don fil.) y cipreses (Cupressus sempervirens L.) junto a algunas plantas aromáticas. Es ésta una zona sombría, poco apreciada por los visitantes.

Pese a la incomodidad que supone el tráfico de la autovía, estos jardines mantienen un particular atractivo, en especial en sus zonas más altas. El ruido y la afluencias de visitantes (es el mayor de los espacios verdes situados en la zona centro-este de la ciudad) no parece incomodar a las ardillas ni aún a los patos, que frecuentan el parque, incluso es posible encontrarse alguno de los pavos reales que habitan en las cercanías del palacete, por donde ocasionalmente asoman.
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