El descubrimiento del Sinodal de Aguilafuente, una villa de 725 habitantes situada a 135 kilómetros de Madrid, dio la clave de los orígenes de la imprenta española. Este fin de semana, el pueblo se viste de fiesta para conmemorar la hazaña del alemán Juan Párix: imprimir el primer libro elaborado con tipos móviles de la historia de España.
Durante décadas, los investigadores han seguido el rastro de los tipos móviles hasta numerosas ciudades españolas, que reclamaban para sí la condición de lugar origen de la imprenta española. Hasta que en 1930, el descubrimiento del Sinodal de Aguilafuente señaló a esta pequeña villa segoviana y, tras una breve polémica, las demás 'aspirantes' tuvieron que rendirse a la evidencia: este municipio se había convertido en 1472 en la cuna de la imprenta española.

La 'mano' que 'meció' esta cuna pertenecía al obispo Juan Arias Dávila, 'alma mater' del sínodo que acogió esta villa segoviana en el mes de junio de aquel año.Más de ochenta representantes de la Iglesia, llegados de numerosas localidades de los alrededores, se dieron cita en Aguilafuente para poner un poco de orden en las costumbres de sus miembros.
Así, se acordó poner fin a la ignorancia de los clérigos obligándoles a instruirse durante cuatro años; se les forzó a dar misa vestidos de forma decorosa y a pedir un permiso para llevar armas; se prohibieron los matrimonios secretos; e incluso se acabó con las ubicaciones privilegiadas en las iglesias, para evitar las disputas de algunos fieles, que se peleaban por recibir la paz antes que el vecino. El lugar desde donde se oía misa dejó de ser, al menos sobre el papel, una cuestión de estatus social: todos debían ser iguales en la casa del señor.
Para difundir estas nuevas normas, Arias Dávila encargó al impresor alemán Juan Párix que las imprimiera, para que todas las iglesias de la zona pudieran contar con copias a disposición de los propios clérigos y de los fieles, y no solo con las manuscritas. El resultado fue el Sinodal de Aguilafuente, un pequeño libro de 175x235 milímetros, de papel tosco, impreso en letra redonda o romana y sin portada.
Un solo superviviente
El único ejemplar que ha llegado hasta nuestros días se conserva en la catedral de Segovia. Su aparición puso fin a la agria polémica entre ciudades como Barcelona o Valencia sobre quién había visto trabajar por primera vez los tipos móviles inventados por Gutenberg. Tamaño acontecimiento no podía dejarse pasar sin más, y así fue como Aguilafuente decidió celebrar cada año, por todo lo alto, su nueva condición.
Una cita cultural
Desde este viernes hasta este domingo, el municipio acogerá la
Fiesta del Sinodal. Representaciones teatrales, exposiciones, talleres, pasacalles, mercados ambientados en la época y hasta una cena medieval devolverán a Aguilafuente a aquellos días en los que se celebraban sínodos y el invento de la imprenta empezaba a florecer por toda Europa. Este año, Luis Alberto de Cuenca es el encargado de dar el pistoletazo de salida a los festejos.
"Son los vecinos los que preparan todos los festejos, engalanan los balcones con pendones y salen a la calle para conmemorar los días del Sínodo", explica Juan Francisco Peña, presidente de la
Asociación Sinodal de Aguilafuente.De momento, en los primeros años que se ha celebrado esta fiesta, han conseguido reunir a más de 4.000 personas en torno al Sinodal y su época.
"Queremos que esto se conozca", afirma rotunda la alcaldesa, María Jesús Garrido. En ello están, aunque, según Garrido, el apoyo institucional sea más bien escaso a día de hoy. Así, mientras llegan los apoyos para difundir el tesoro de Aguilafuente, sus habitantes siguen volcados con la causa. La fiesta del libro no ha hecho más que empezar.