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Crítica teatral.-Escuela Bolera: un regalo visual

Crítica teatral.-Escuela Bolera: un regalo visual

viernes 09 de julio de 2010, 00:00h
Actualizado: 12/07/2010 16:39h
El Ballet Nacional de España trae a la Zarzuela un atractivo programa compuesto exclusivamente por piezas de la Escuela Bolera, la gran escuela de la danza española. Además, cuenta con el atractivo añadido de la Orquesta de la Comunidad de Madrid, dirigida por García Asensio. Todo un regalo para los espectadores, a quienes entra por los ojos este festival multicolor.
José Antonio, el director del Ballet, es, posiblemente, el mejor maestro de danza bolera que pueden tener los bailarines actuales y eso se nota en escena. Sus interpretaciones de este género son recordadas por los aficionados como magistrales. Él, como Aida Gómez y Lola Greco, son depositarios de un legado que no cuenta con muchos seguidores entre los profesionales. Y es que, el baile de zapatilla es muy duro y no permite las exhibiciones de taconeos desenfrenados y aspersores de sudor que se dan en el flamenco. La danza bolera exige elegancia, contención, expresividad y disciplina.

El programa actual tiene algunas joyas coreográficas y excelentes momentos de los bailarines. Brillante y llena de gracia es la Chacona que interpreta Jessica de Diego. Un alarde de frescura y picardía. Y extraordinarios los bailarines boleros de Danza y Tronío, así como la hermosísima estampa de Aloña Alonso con el mantón en esta misma pieza.

Tiene el Ballet Nacional en su repertorio coreografías extraordinarias que debería recuperar con regularidad, sobre todo para que las bailen las nuevas generaciones de artistas y las conozcan los jóvenes espectadores. En ese repertorio están la Fantasía Galaica, de Antonio, la Medea, de José Granero, Ritmos, de Lorca y Danza y Tronío, de Mariemma. Esta última ocupa toda la segunda parte de programa y, como pasa siempre, pone al público en pie. Es una antología de buena danza, con un magistral manejo del cuerpo de baile. La cuidada iluminación y el bellísimo vestuario contribuyen a que esta coreografía, estrenada hace 36 años, sea ya clásica.

Hay que mencionar también Eritaña, de Antonio Ruíz Soler. Él mismo la estrenó en 1958 y hoy sorprende por su modernidad. Seguramente Antonio, que tuvo oportunidad de recorrer el mundo en una época de gran represión en España, bebería en las fuentes de los mejores coreógrafos.  Y creó esta pieza para el lucimiento de su propio ballet. Ha pasado medio siglo sobre ella,  pero no se nota. En estos tiempos de fusión, contemplar la pureza de Eritaña lleva a pensar que, a veces, lo bueno está en lo clásico.

Recupera el Ballet Nacional su buen tono general, aunque se apreciaran algunos desajustes en el cuerpo de baile en algunos momentos. Las filas deben cuidarse al máximo y no se debe bajar la tensión en ningún momento para evitar que el espectáculo, en su conjunto, decaiga. El programa de Escuela Bolera se ofrece hasta el 18 de julio.
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