Tom Stoppard se llega a Madrid aprovechando el estreno en el María Guerrero de su obra “Realidad” y el próximo montaje de en las Naves del Matadero de “Rock’roll”. Casi treinta años separan la primera de la segunda. Glenn Close y Jeremy Irons la protagonizaron en Broadway el año 1984.
En la cartelera madrileña hay ahora dos vodeviles: “Sé infiel y no mires con quién” y “Realidad”. El primero tiene gracia. A mí la comedia de Stoppard, brillantemente presentada, me parece totalmente falsa y aburrida por muchos juegos y equívocos que tenga. Es una sucesión de tópicos que no dejan de serlo, ni firmados por Stoppard, Palabrería, verborrea hueca sin el ingenio de Woody Allen ni la profundidad dramática de Miller. Ni con la carpintería teatral de Terrence McNally, dos años más joven que el dramaturgo de origen checoslovaco y mucho más comercial y eficaz en el teatro.

Los juegos de parejas, las acciones encadenas funcionarían mejor con un diálogo más denso. Esta no deja de ser “alta comedia”, como se dice en argot teatral. La noche del estreno se escucharon algunas risas aisladas, provocadas, sobre todo, por el eficaz trabajo de Javier Cámara.
Natalia Menéndez, la directora, juega con los mejores elementos para lograr una producción que entra por los ojos. Tiene a su favor la excelente química que se prende entre Javier Cámara y María Pujalte, los actores principales y quienes llevan el peso de la acción.
Como en tantas ocasiones, la firma de un autor extranjero de prestigio, hará ver gigantes donde sólo hay molinos. Bien encalados y engrasados, pero molinos. Y nos querrán hacer comulgar con sus ruedas… A ver qué nos traen con “Rock’roll”.