Bienaventurados sean y también los ingenuos. Bienaventurado el vicealcalde de Madrid que aprovecha un micrófono indiscreto para reabrir la batalla “por lo suyo” que no es otra cosa que una vieja enemistad con Esperanza Aguirre. No se trata de un debate de ideas, de una pugna entre distintas corrientes de una misma formación política sino de un odio africano que entronca con Publio Cornelio Escipión, es decir, que viene desde la segunda Guerra Púnica.
En el PP madrileño existen dos fuerzas que cohabitan pero que no tienen nada que ver, prueba de ello es que cuando Cobo se siente incómodo lo que hace es reclamar la intervención de una altura mayor, la de “Mariano Rajoy como legítima autoridad del Partido Popular”, ¿Acaso ese ninguneo está basado en que Cobo no se quiere reconocer compañero de partido de Esperanza Aguirre, por cierto presidenta del PP en Madrid?
Pregunta por el expediente abierto al vicealcalde, (varias veces durante estos días pero en ninguna había sido tan contundente), la presidenta ha dicho a “El Mundo” que no le parecería normal que Cobo estuviera en las listas del Partido Popular. Entre otras cosas tampoco creo que Cobo se aviniera a compartir cartel con unos compañeros que tiene por vomitivos y autores de una “gestapillo” regional. La actitud de Cobo es la del pistolero que se acoda al final de la barra, sabe que la única manera de pasar a la historia es que haya bronca en el saloon.
Cobo lleva el terreno al debate entre buenos y malos, demasiado simple para ser cierto. Lo que hace es alertar a Mariano, como el hermano mayor, para que regañe a Esperanza ya que él no puede, por eso apunta al “¿qué hubiera pasado si yo…?”, en realidad ya pasó porque lo dijo en una entrevista publicada con todo lujo de despliegue tipográfico, y ahí era consciente de que estaba siendo muy duro. Ese escudo del ¿qué hubiera pasado? es un argumento de hondo calado político y de mayor recorrido intelectual, y lo del micrófono le ha servido para ayudar a la causa de la confusión de la que es fiel portavoz.
Igual cree que su bondad seráfica le elevará del suelo con unas alas, una especie de ascensión a los cielos dejando en esta tierra media a gente tan “vulgar” como Esperanza Aguirre. Cobo y Gallardón se ven subiendo al carro de fuego de Elías sin dar mayores explicaciones de que ellos, como Guti, para dar un pase de tacón no les hace falta mirar atrás.
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