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Crítica teatral

La lucha libre: inclasificable y memorable

La lucha libre: inclasificable y memorable

martes 26 de enero de 2010, 00:00h
Actualizado: 27/01/2010 17:41h
El derribado Circo Price de la plaza del Rey acogió, además de los espectáculos circenses, otras actividades artísticas y deportivas. Como las recordadas matinales musicales y las veladas de boxeo. Pere Pinyol recupera metafóricamente las veladas de lucha libre para un inclasificable espectáculo del nuevo Price.
Seguramente este es el espectáculo más vanguardista de la temporada escénica. Sus protagonistas demuestran una elasticidad y un desenfado que se ve premiado con el aplauso clamoroso del público. A modo de combates breves, desfila por el ring una serie de bailarines y músicos en estado de gracia. Francesca Lissia y Celso Pereira abren la velada con un combate que pone los pelos de punta. A caballo entre la danza y la acrobacia, los dos artistas se enfrentan a cuerpo descubierto, con el soporte de la fortaleza del varón y el arrojo y equilibrio escalofriante de Francesa.

Santos baja del cielo
Carles Santos es un artista que siempre sorprende. Baja literalmente del cielo a la lona tocando el piano como los ángeles. Pero quienes crean que van a ver una interpretación convencional, se equivocarán. Sus dos últimos números incorporan acciones paralelas, que no vamos a desvelar. Sin embargo perdurará la extraordinaria técnica del pianista que hace mutis, como no podía ser menos, volviendo a los cielos.

Picó vs. Yebra
El violinista Ara Malikian introduce a los siguientes contendientes. Primero sube a la lona Igor Yebra, con pasos clásicos y dejando claro desde el primer momento que tiene extraordinarias facultades. Luego aparece Sol Picó. Su cisne, majestuosamente volado –también literalmente- sobre las gradas, es pura poesía. Luego desciende al cuadrilátero se calza las zapatillas de puntas y asombra con su técnica en una divertida Carmen. La coda es un humorístico combate entre Igor y Sol. El bailarín con su dominio del clásico y un físico apabullante. La Picó con una vis cómica y una entrega absoluta. El público brama tras su combate.

Galván y los 3000
Cierra la velada Israel Galván, el más sorprendente de los luchadores. Él protagoniza un combate con los uniformes de rigor: calzón corto, protección dental y guantes. Tiene enfrente un sparring que le acosa y se arranca a cantar flamenco por derecho. Estupendo Cristian Guerrero. Los 3000 a los que se enfrentan son un chiste del presentador, que no tiene ningún sentido. Después sube al ring el grupo de cantaores, músicos y bailaores. Ver a estos provectos artistas en calzón, mostrando desenfadadamente sus michelines, barrigas y flacideces, es impagable. ¡Qué sano sentido del humor! Y por encima de todos ellos, Israel Galván: potente, arrollador, sobrao de facultades. Proporciónenle a este artista un envoltorio escénico a lo Broadway y revolucionará la danza española.

En la introducción y entre combates sale un 'speaker' para hacer gracia y no tiene ninguna. Me resultó irritante y reiterativo. Hizo desaparecer la magia surgida tras la actuación de Yebra y Picó.

Los puristas e inmovilistas se rasgarán las vestiduras, se arañarán los pechos y se echaran vinagre sobre las heridas. A mí me ha entusiasmado. Quedan cinco veladas hasta el día 31 de enero. No se las pierdan, son de las que quedan en la memoria.
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