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La última sentencia analógica del siglo XXI

La última sentencia analógica del siglo XXI

domingo 10 de enero de 2010, 00:00h
Era la mañana del 10 de Junio del año 2003, tenía el honor de sentarme por primera vez en ese escaño representando a mi Partido, nunca antes había tenido esa responsabilidad. Miles de pensamientos pasaban por mi cabeza en ese momento, pensaba en mi familia, en mi abuelo, ese viejo maestro de escuela socialista que sufrió la dura represión franquista, en todos los compañeros y compañeras de mi Agrupación que tantas horas de trabajo habíamos compartido para hacer posible esa mayoría de izquierdas en el Parlamento, pensé en 1.225.390 madrileños que habían votado al PSOE, era todo nuevo para mí y una mezcla de miedo y respeto por la responsabilidad que tenía que desarrollar yo personalmente, pero sobre todo mi Partido, el PSOE colectivamente. Teníamos la obligación de hacer realidad los sueños, los proyectos de la gente que siempre salía en la vida, unos metros por detrás de la línea de salida en este Madrid, el Madrid de Rosendo Mercado, nuestro Madrid.

Nunca jamás pude imaginarme que tan solo una hora más tarde, todo se desplomaría como un castillo de naipes. Recuerdo a mucha gente de aquellos meses de dura campaña electoral. A muchos periodistas que después de estar tantas horas hablando con ellos, al final acabaron siendo buenos amigos y aún presumo de mantener una muy buena relación con muchos de ellos.
Fueron tiempos difíciles, tiempos dignos de aclarar y de tener siempre presentes para no someterlos al olvido.

En aquellos meses había un luchador en la Cadena Ser que estaba al frente de los Informativos, se llamaba Dani. Era un tipo de voz estridente, es de esos periodistas que se dejan la piel todos los días en busca de la información, veraz, objetiva, como sugieren los profesores a los alumnos en la Facultad de Ciencias de la Información, pero de los que además se lo cree. Dani es de esas personas que siente “el gusanillo” por dentro y que da todo por su profesión.

A Rodolfo, lo conozco menos, pero siempre ha estado con Dani trabajando codo con codo. Cuando Antonio Garcia Ferreras se fue de la Cadena Ser y Dani Anido se hizo cargo de la Dirección de la cadena, Rodolfo se hizo cargo de los informativos al frente de todo el equipo, Gema, Javier y Eva. Para los que no los conozcáis, digamos que son dos profesionales del periodismo, pero de vocación, con eso está todo dicho.

Y aunque estamos acostumbrados a que siempre sean ellos, los periodistas, los que hablen de nosotros, los políticos, hoy al escribir el primer artículo de este nuevo año, quería invertir los papeles. Hoy quiero hablar de dos periodistas, hoy quiero hablar de Dani y de Rodolfo, para mostrarles mi cariño y mi solidaridad, por una de esas cosas raras que suceden y que en algunas ocasiones, como diría Carlos Llamas, te hacen sentir un marciano en este mundo.

Son ya tantos años trabajando para que Internet, la Sociedad de la Información, las nuevas tecnologías, sean un modelo de desarrollo, de progreso, de conocimiento dentro y fuera de mi Partido, son ya tantos años intentando humildemente difundir la importancia de la Sociedad del Conocimiento en la sociedad española que soy incapaz de entender como la justicia española ha sido capaz de dictar una sentencia tan “marciana” en pleno Siglo XXI.

La justicia en España ha condenando a Dani y a Rodolfo por entender que es delito trasladar a la opinión pública una información de interés público, veraz y contrastada a través de Internet, por publicar en la web de la cadena SER la información que radiaban por sus micrófonos.

Para el juez ”Internet no es un medio de comunicación social en sentido estricto, sino universal” y tras admitir que los hechos que publicaron eran ciertos y noticiables, simplemente les condena por entender que la libertad de información, la libertad de informar, la libertad de ejercer su profesión, la libertad de intentar explicar el por qué de lo aún hoy inexplicable: el “Tamayazo”; según el juez, solo ese derecho, lo debieran haber ejercido a través de los medios de comunicación social, es decir, lo que tradicionalmente son el papel, la radio y la televisión.

Quizás ahora entienda porque Esperanza Aguirre acaba de renunciar a percibir 11 millones de euros del Gobierno de España, para poner en marcha la Escuela 2.0 en Madrid e instalar ordenadores en todos los colegios madrileños. Y es que está claro que Madrid sigue siendo muy del siglo pasado.

De todos modos, estoy convencido que esta será la última sentencia analógica del siglo XXI en España y que esta sentencia en el recurso será rectificada y como sigo creyendo plenamente en el Estado de Derecho, sigo teniendo la confianza en que quizás algún día la Justicia dicte una sentencia, que Dani y Rodolfo puedan difundir a través de los micrófonos y a través de la web de la Cadena SER, donde se nos explique a todos los españoles por qué aquella mañana la voluntad del Pueblo de Madrid, se truncó de una forma tan opaca y escandalosa. Esa es la única respuesta que la sociedad española espera del Fiscal General del Estado y de la Justicia española.

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