lunes 14 de diciembre de 2009, 00:00h
Actualizado: 21/12/2009 16:15h
¿Adónde va este país, España, mi querida España, esta España mía, esta España nuestra? Andamos desorientados dentro de casa y perdidos fuera de ella. Convivimos con la crisis, con los vividores de la crisis y con los que sacan tajada política y sindical de ella. Y fuera de nuestra fronteras las crisis se nos amontona: primero el Alakrana, después los cooperantes secuestrados, más tarde Gibraltar y ahora Marruecos, y a todo esto nuestra diplomacia en paños menores, dejando al aire sus evidentes debilidades y falta de responsabilidad.
Dice la vicepresidenta De la Vega, la que no se entera, que a Haidar la dejó entrar en España un policía, y los sindicatos denuncian que esto es absolutamente mentira, que se recibieron órdenes desde de Madrid para dejarla entrar.
Al fin, en medio de tanto caos, los sindicatos salieron de los cuarteles de invierno del zapaterismo, y se echaron a la calle para protestar por la crisis económica, por la sangría incontenible de puestos de trabajo, por el paro que crece como una pompa de jabón que cualquier día estallará. Por fin los sindicatos dejaron la moqueta para pisar el asfalto. Se dieron cita el pasado sábado en Madrid. Si hubieran acudido todos los sindicalistas liberados que hay en España, habrían triplicado la cifra de asistentes, pero ahí estaba lo más granado del sindicalismo de clase para alzar voces y banderas contra la crisis, pero, curiosamente no contra el gobierno de Zapatero, ese que reconoció una situación de crisis cuando ya estábamos con el agua al cuello; ese que todavía no ha alumbrado una idea para que dejemos de estar a la cola de Europa y a la cabeza de la destrucción de empleo.
No era oportuno lanzar la protesta contra quien, aún en tiempo de crisis, ha mantenido las subvenciones a los sindicatos y a los titiriteros del régimen. No señor. La protesta iba contra los empresarios, que para la los de la movida del sábado, son los grandes causantes de todos los males que sufrimos los españoles, y los que quitan el sueño a ese gobierno tan preocupado, sensibilizado, angustiado por la situación del país.
Empresarios demonios, sanguinarios, explotadores, martillo de herejes de la coherencia sindical. Contra ellos fueron los gritos, las consignas y las pancartas, y contra Esperanza Aguirre, que para eso la manifestación de toda España se celebraba en Madrid, y por el mismo precio del viaje y el bocata, se le podía zurrar la badana a una presidenta del PP, que además tiene la osadía de repetir hasta la saciedad que en tiempo de tribulaciones económicas, no parece oportuno mantener a tanto sindicalista liberado.
Y además aprovecharon que el Manzanares pasa por Madrid, y el Gran Wyoming por la Sexta avenida del insulto y la burla grotesca, para consagrar a éste como el premio Nobel de la libertad de expresión y condenar a Esperanza Aguirre a la hoguera de la inquisición progresista.
Mi querida España, esta España mía, esta España nuestra... Perdón, esta España de ellos, que la tienen metida, atrapada, entre ceja y ceja.
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Cronista Oficial de Madrid y Getafe
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