Este martes arrancó el curso de auxiliar de veterinaria para 12 jóvenes infractores, en el marco del programa 'Intégrate', fruto de un convenio entre la Agencia para la Reeducación y Reinserción del Menor Infractor (ARRMI), dependiente de la Consejería de Presidencia, Justicia e Interior, y la Asociación GINSO. Otros 10 están formándose como auxiliares de enfermería.
Estaban sonrientes y no era para menos. Los 12 jóvenes infractores estrenaban este martes bata blanca, apuntes, profesor, compañeros de clase, aula y hasta mascota. Tienen por delante cuatro meses de clases y otros tres de prácticas. En total, siete meses de trabajo duro, pero también de recompensas. Cuando terminen, estarán preparados para afrontar el mundo laboral.

Cumplirán así uno de los requisitos fundamentales que, según recordó la directora de la ARRMI, Carmen Balfagón, deben confluir para garantizar su reinserción. Balfagón, acompañada del presidente de GINSO, Alfredo Santos, visitó este martes a los jóvenes para darles ánimos en este comienzo de curso.
Con esta acción formativa, que les capacitará para trabajar en clínicas veterinarias, picaderos, protectoras de animales, perreras, adiestramiento de perros, tiendas de mascotas, autoempleo, zoológicos, mataderos o granjas, y con el curso de auxiliar de enfermería, al que asisten otros diez jóvenes infractores, arranca el programa 'Intégrate', con el que la Consejería pretende lograr la inserción real de los jóvenes. De hecho, realizarán prácticas en clínicas veterinarias concertadas con el Centro Profesional de Oficios, a los que podrán sumarse varias becas en empresas del sector, otorgadas por la Consejería, con un incentivo de 300 euros mensuales.
Orientación práctica
Además, en el período inicial de su formación, los jóvenes infractores podrán ir tomando contacto con la realidad del sector a través de salidas programadas a la perrera municipal o a una granja escuela. A ello se añade otro incentivo para acudir a clase: cada alumno tendrá en el centro una mascota, una pequeña tortuga, a la que deberá cuidar personalmente.
Así, estos menores, que se encuentran cumpliendo medidas judiciales en centros de la región —internamiento en régimen semiabierto o abierto, libertad vigilada, prestaciones en beneficio de la comunidad...— ven cómo se abren ante ellos nuevos caminos vitales. Todos ellos se mostraban ilusionados ante esa perspectiva. "Ya había trabajado antes, pero quiero hacerlo a partir de ahora en algo más 'serio'", comentaba una chica. "Así aprovecho este tiempo para hacer algo útil", añadía otro chaval. Ahora, de momento, les toca 'hincar los codos'.