miércoles 04 de noviembre de 2009, 00:00h
Actualizado: 10/11/2009 17:29h
Motos que transporten a viajeros en casos de urgencia y necesidad imperiosa de llegar a tiempo. Esta es la filosofía de un nuevo servicio que una empresa privada quiere implantar en Madrid. Sus ventajas: claras, las de la moto frente al vehículo de cuatro ruedas en una ciudad con una hora punta que dura prácticamente desde las 9 de la mañana a las 9 de la noche. Inconvenientes: también los hay. Sólo puede haber un viajero, no puede llevar una maleta grande, y si llueve o hace frío, aunque le ofrezcan un impermeable, no hará el viaje tan cómodo como en un taxi.
Pero es una alternativa. Y una iniciativa original y que puede funcionar, ¿por qué no? Pues porque no tienen permiso, según se ha apresurado a explicar la directiva de la Federación Profesional del Taxi. Que no se ha parado ahí, y ha llegado a señalar que "todos los compañeros" se "opondrán a estas prácticas, que perjudican a los ciudadanos de la capital". No quiero ni pensar en qué métodos pretenden utilizar para oponerse a estas prácticas; prefiero entender que se refieren a la oposición legal a una actividad que no cuenta con esa autorización que ellos, los taxis, sí tienen. Pero lo que no entiendo es que la medida perjudique a los ciudadanos. Primero, porque sería voluntaria: quien considere que llega antes, que le compensa o que quiere, está en su derecho, si existe el servicio, a utilizarlo.
Entiendo que estamos en crisis, que el mercado es el mismo para todos y cada cliente que alguien gana es un cliente que alguien pierde. Pero no por eso debe cerrarse la puerta a cajón a una iniciativa que aún está por desarrollarse, y por saber hasta dónde puede llegar. Que el tráfico en Madrid es malo no es ninguna noticia; las alternativas para acompasar su complejidad a la vida laboral y familiar siempre deben ser bien recibidas, estudiadas y analizadas con rigor y seriedad, sin prejuicios, y sólo luego habrán de descartarse si no nos gustan. Se me ocurren un montón de clientes del taxi -personas mayores o con alguna discapacidad, o simplemente aquellos que prefieren la tranquilidad de las cuatro ruedas- que nunca utilizarían este nuevo servicio. Pero puede que para otras fuera una solución. Ningún corporativismo debe negar lo que pueden resultar salidas laborales para unos y fórmulas de mejora de la movilidad para otros.