La crisis hace que cada vez menos parejas acudan a las clínicas privadas para que les ayuden a concebir un hijo, pero aumenta el número de madrileños interesados en donar semen y ovocitos.
Más de 2.700 parejas acudieron al Servicio Madrileño de Salud para interesarse por tratamientos de fertilidad en los primeros ocho meses de 2009. Las clíncias privadas de fertilidad madrileñas están viendo cómo disminuyen sus clientes de nacionalidad española, ya que la crisis ha hecho mella en sus economías, por lo que cada vez más deciden acudir al sistema público de salud.
Son las extranjeras —del Reino Unido o Francia, donde la lista de espera llega a los dos o tres años, o de Irlanda, donde no hay programas de donación de óvulos— las que evitan que se desplome el número de usuarios de estas clínicas. "En estos últimos meses se ha ralentizado el crecimiento de clientes", explica el doctor Antonio Requena, de IVI Madrid, "pero sí tenemos cada vez más donantes de semen y de ovocitos".
Aunque los profesionales se resisten a establecer una relación directa entre la crisis y las ofertas de donantes, todos admiten que en los últimos meses han recibido más llamadas de personas que se interesan por ello. La compensación económica por las molestias ("no es un pago", matiza la doctora Victoria Verdú, de Ginefiv) oscila entre los 60 y 80 euros por cada donación de semen y ronda los 1.000 por los ovocitos. Y, aunque "nadie vive de donar", dice Requena, cada vez son más los que piensan que esta opción puede sacarlos de un apuro.
Selección de 'candidatos'
Este fenómeno tiene sus ventajas. Según José Luis Caballero, de FIV Center, ese mayor número de 'candidatos a donante' permite seleccionar mejor a quienes finalmente lo conseguirán. Los 'aspirantes' no solo deben someterse a numerosas pruebas médicas para comprobar que se encuentran en perfecto estado de salud sino que son seleccionados en función de su parecido con la madre, siempre que resulte posible elegir.
Además, en otras clínicas, como IVI Madrid, esa mayor oferta —unida al estancamiento del número de clientes— ha permitido eliminar la lista de espera. Y, según Rocío Bravo, del Instituto Madrileño de Fertilidad, si en ese momento no hay una receptora, se vitrifican las muestras.