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Un lugar para cambiar

Un lugar para cambiar

domingo 30 de agosto de 2009, 00:00h
Madrid cuenta con un centro para reeducar a los menores que cumplen medidas judidicales relacionadas con los delitos más graves. Se llama Los Rosales y se encuentra en el distrito de Carabanchel.
Juana Mateo se considera una mujer afortunada. Lleva sobre sus espaldas el peso de un centro muy especial, Los Rosales, que pertenece a la Agencia para la Reeducación y Reinserción del Menor Infractor (ARRMI), dependiente de la Consejería de Presidencia, Justicia e Interior, y gestionado por Asociación Respuesta Social Siglo XXI. En él trabajan cincuenta personas y viven veinte jóvenes que cumplen medidas judiciales por delitos muy graves. Su trabajo: conseguir que cambien.

A pesar de que se trata de muchachos complicados, Mateo apunta que la duración de las medidas, mayor que en otros centros, facilita enormemente el trabajo. "No es lo mismo disponer de seis meses para trabajar con ellos que de un año", apunta. Sobre todo, añade, teniendo en cuenta que estos chicos necesitan un período previo de adaptación al centro, ya que no suelen estar acostumbrados a controlarse ni a observar normas.

Pero aquí no les queda más remedio. Además de formarse, muchas veces con vistas a conseguir un trabajo, los chicos deben practicar deporte a diario y cumplir con los horarios. Alguno ha conseguido el título de PCPI (capacitación profesional), cuando antes había abandonado los estudios.

Y eso cuenta también. Cuanto más se esfuercen, mejores informes obtendrán y más fácil será que el juez acceda a modificarles la medida. "No hay que olvidar que nuestro objetivo es la reinserción de los chicos: lo demás es secundario", insiste Mateo.

Los menores también pueden participar en actividades de ocio saludable, como la piscina, o bien apuntarse a talleres, como el de hilos o el de cajón. Igual que en todos los demás centros de la ARRMI. Y una de las actividades ha cobrado una dimensión especial en Los Rosales: el taller de teatro, ya convertido en una flamante compañía que pasea su espectáculo por los escenarios madrileños."Fue idea de la gerente de la ARRMI, Carmen Balfagón", explica Mateo, "que supo contagiarnos su entusiasmo".

Mientras Mateo charla con Madridiario, los chicos de La Baraka de Rosales ensayan. Tienen muchas horas de trabajo con Amalia, la profesora, por delante antes de la próxima representación. Todos se han prestado voluntarios para actuar, aunque, dice la directora del centro, "a veces les animamos porque sabemos que les puede venir muy bien, por ejemplo, para la timidez". Los demás realizan otras actividades, quizá a la espera de que alguno de los chicos consiga que su medida se modifique a régimen semiabierto —lo que provocará su traslado a otro centro— y se organice el próximo 'casting'.
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