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Pepiño, churras con merinas

Pepiño, churras con merinas

Por Ángel del Río
martes 13 de marzo de 2007, 00:00h

 

 

Madrid volvió a ser el pasado sábado el rompeolas de las Españas, el lugar donde rompe la protesta, la rebelión cívica contra la política del gobierno de Zapatero de concesiones a los terroristas de ETA, y a uno muy especial, a De Juana Chaos, que vuelve a comer en un hospital de San Sebastián, donde es posible que le pongan mejores chuletones que los que le habrían puesto en el Doce de Octubre de Madrid, caso de que en el centro madrileño le hubiera entrado el apetito y volviera a comer.

La manifestación del sábado ha marcado un hito en la historia de la protesta cívica en toda España, y esto les escuece a los zapateristas, le revuelve el estómago al gobierno y le nubla la razón a más de un dirigente socialista, ya sea barón, culiparlante o escañero, es decir, el que ha hecho del escaño su profesión de por vida.

Al día siguiente de la gran manifestación de Madrid, el domingo, salió a la palestra el incomparable Pepiño Blanco, secretario de Organización del PSOE, el del verbo irregular e incontinente, ese hombre que no hizo una carrera universitaria, sí política, pero que se acaba de doctorar en mezquindad. Y demostró un estado terminal de racionalidad preocupante. Dijo que en la manifestación del sábado hubo la mitad de personas que muertos en Irak. Y se quedó tan Pepiño, tan blanco. Ni se inmutó. Hasta qué punto llega la flaqueza de la mente humana para comparar manifestantes contra el chantaje de ETA con muertos en una guerra. Que tiene que ver lo Pepiño con la cordura.

¿A qué viene esa comparación esperpéntica de manifestantes y muertos? ¿Qué quería decir Blanco? Supongo que a estas alturas todavía continuará preguntándose qué quería decir, Pepiño “confusioneutor”. Este es capaz de poner en relación los muertos por el GAL con los mil millones de pesetas que se llevó Montilla de la Caixa, o la memoria histórica con la OPA contra Endesa. A este Pepiño le hace falta una cura de sueño o de ensueño político, o ir a una manifestación cívica para olvidarse la guerra de Irak y acordarse de la Afganistán, en la que sí han muerto españoles. Lo que a Blanco no se le puede negar es la memoria selectiva y la capacidad dudosa de mezclar churras con merinas. O como decía un taxista madrileño con gracia castiza: mezclar la “chungas” con las “meninas”.

Ángel del Río

Cronista Oficial de Madrid y Getafe

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