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La Asquerino

La Asquerino

jueves 26 de febrero de 2009, 00:00h
Actualizado: 05/03/2009 12:54h
María Asquerino ha anunciado, al concederle el premio a Toda una Vida sus compañeros de la Unión de Actores que dice adiós. Que ya ha tenido bastante teatro, cine y televisión en sus 83 años. La Asquerino se retira y quienes la admiramos lo sentimos profundamente. ¡Ojala algún director le ofrezca un papel que pueda, físicamente, hacer y olvide su adiós! A un actor le retiran la muerte, la pérdida de la memoria o el fracaso.

Salió a escena siendo una niña. Era el botones que en “Eloísa está debajo de un almendro” pregonaba: ¡Bombones y caramelos! ¡Tengo pralinés! Corría el año 1940. Ya no se bajó de las tablas. Su padre, Mariano, y su tía Matildita desafiaron la autoridad militar paterna para ser cómicos. Su madre, Eloísa Muro, era hija de actores y no tuvo ese problema. María tampoco. Las dificultades en su carrera le vinieron por el éxito.

Ya se sabe que en España, cuando tienes un triunfo resonante, te mandan al paro. Y la Asquerino deslumbró en “Surcos” así que purgó su buen trabajo. Mucho más tarde vendría “Anillos para una dama” donde, convertida en Jimena, deslumbró absolutamente a todos. Recorrió España de punta a punta varias ocasiones. Gala le dio el papel de su vida. Después, trabajo y más trabajo en la escena. Umbral la sacaba mucho en su columna de papel, pero con eso no se comía. Seguramente no ha sido fácil ni trabajar ni convivir con ella. Pero los genios es eso lo que tienen, además de talento.

La primera vez que la entrevisté –yo era un adolescente- recorría España junto a Saza con una comedia muy por debajo de su categoría. Después la reencontré en una gira con “anillos...” Creo que le fui simpático y así me lo demuestra cada vez que nos vemos en un estreno. Hasta me regaló hace unos años cientos de programas teatrales, algunas fotos suyas y un dibujo que le hizo en 1980 Jaime Pawdelet. Quería hacer sitio en su casa y desprenderse a la vez de su ya dilatado pasado. María habita en los aledaños del Retiro y por las tardes se llega al centro a ver lo último. La Asquerino con su pelo encendido de atardecer rojizo, sus hermosos ojos y su voz de cómica antigua, de esas que permiten reconocer a su emisor con los ojos cerrados...

Tuvo la osadía –una de tantas en su vida- de ser de las primeras en escribir un libro donde contaba sus amores y desamores, sus alegrías y decepciones. Más que críticas, sus confesiones despertaron envidias. Hoy María ya no quiere ni volver a actuar. La última vez que la vimos fue en “Tío Vania”, en un personaje excéntrico y encantador. Siempre ha tenido buen ojo para apreciar el talento y la belleza. Hace unos meses presencié sentado junto a ella un ballet en el teatro de La Zarzuela. Salieron los solistas y me susurró: ¡qué buen bailarín es ese chico! Tenía razón.

Como a tantos grandes del teatro, el cine no le ha hecho justicia. Solamente Fernán Gómez le dio un papel extraordinario en “Mambrú se fue a la guerra”. La noche del estreno en la Gran Vía el público aplaudió una espléndida secuencia de la Asquerino. Como en el teatro. Ha seguido trabajando hasta anteayer. Pero dice que ya está bien. No, María, no está bien. Bien estaría que los directores te siguieran llamando y alguno te diera otro gran papel. Con esa confianza espero verte pronto en un nuevo estreno para darte un beso y decirte: no te vayas, María.

Antonio Castro

Cronista Oficial de la Villa

Periodista durante 35 años en RTVE, especializado en información local y de cultura. Autor de varios libros sobre historia teatral. Desde el año 2007 es Cronista Oficial de la Villa de Madrid

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