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Ayuntamientos con el agua al cuello

Ayuntamientos con el agua al cuello

miércoles 04 de febrero de 2009, 00:00h
Actualizado: 09/02/2009 17:42h

El caso vivido hace sólo unos días en Loeches, donde un empresario agobiado por las deudas amenazó con quemarse a lo bonzo si el Ayuntamiento no le abonaba las cantidades que le adeudaba por unos trabajos hechos mucho tiempo antes, no es un extremo ni una excepción. Desgraciadamente, como ya adelanta el refrán popular, cuando no hay harina todo es mohina, y son muchos los ayuntamientos que están cortos de liquidez y no pueden afrontar los pagos a sus proveedores con la agilidad que marca la ley y que desearían las empresas, sobre todo las pequeñas y medianas, que trabajan para ellos.

Loeches no es una excepción: muchos municipios españoles están pasando las de Caín desde hace meses para afrontar sus gastos corrientes: pagar las nóminas, abonar la factura de la luz o el teléfono, se convierten en pequeñas heroicidades cuando el presupuesto no llega. Y es que si algo resulta poco flexible y casi imposible de estirar es el dinero. Y los ayuntamientos llevan tiempo quejándose públicamente de su financiación: el modelo que ahora tienen no es válido, y lo saben tanto ellos como el gobierno central. Pero no ha habido manera de que se avanzara en este punto, pese a las promesas. Las palabras son baratas, ya se sabe; pero cumplir las promesas cuesta algo más. Si no les llega suficiente dinero de la aportación estatal y autonómica, y sus ingresos propios se han visto reducidos -la caída del sector inmobiliario les ha reducido sensiblemente las cantidades que entraban en sus arcas-, el resultado de la ecuación no puede ser otro que el déficit.

Y mientras, el Gobierno Central se saca de la manga un plan de inversión que va a permitir ejecutar cientos de obras, proporcionar puestos de trabajo y mover la economía. Pero las mismas condiciones impuestas a ese programa -la limitación en el coste de los proyectos, y los plazos tan ajustados impuestos a la licitación de los mismos y la duración de las obras- han llevado a que, en la práctica, mucho del dinero invertido se vaya a utilizar a labores de ornato o a equipamientos superfluos: no hay más que mirar el listado de proyectos aprobados para ver que abundan extraordinariamente las pistas de padle que se construirán. Tal vez los fondos podrían haberse distribuido de otra manera, o haberse traducido en ingresos tal vez menos cuantiosos pero sí más duraderos en el tiempo, o sin un fin tan predeterminado ...

Volviendo al origen, los ayuntamientos son un buen termómetro de la situación económica, y lo que se vive en ellos no es más que un reflejo de lo que ocurre en el resto del país. Que pequeños empresarios llamen a las puertas de las casas consistoriales reclamando lo que es suyo -que les paguen el trabajo que han hecho- puede convertirse en algo tan habitual que deje de ser noticia.

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