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Albertina, la vaca que ríe

Albertina, la vaca que ríe

Por Ángel del Río
martes 20 de enero de 2009, 00:00h
Actualizado: 22/01/2009 13:22h

Miren que tenía mis dudas sobre el tiempo que las vacas gordas de colores iban a ser respetadas por esos grupos de vándalos siempre dispuestos a ensuciar, destrozar o robar cualquier elemento del ornamento urbano. No quise expresar de forma pública mis temores por miedo a despertar ideas gamberras dormidas, o porque no fuera a interpretarse como una falta de confianza en el civismo de nuestros vecinos. Pero ha terminado pasando lo que uno se temía: que las vacas gordas de colores han sucumbido a los malos instintos que siempre caminan por las calles de Madrid.

Muchas de ellas han aparecido con destrozos y con máculas más allá de la decoración colorista original. Las pacíficas inocentes, indefensas y estáticas vacas que en estos días decoran varios puntos de la ciudad, ya saben lo que es convivir en una fauna donde aparecen los salvajes, los terroristas de lo urbano, que lo mismo pintan con grafitis la arquitectura de Madrid, que mutilan las estatuas, queman las papeleras, quiebran las marquesinas de las paradas de autobús o agraden a las vacas, para ellos poco sagradas, que han llegado a esta Villa y Corte, donde a falta de cañada real, tienen espacio para la exhibición pública. Pero lo que uno no podía sospechar es que se llevaran a una de las vacas, que la raptaran, dado su peso y la imposibilidad de utilizarla para decorar un pisito de 60 metros cuadrados.

Pues sí. Todo en posible en Madrid. En la madrugada del pasado domingo, con nocturnidad, alevosía, premeditación y fuerza, un grupo de jóvenes cargó con la vaca Albertina Pinturita que simulaba pastar asfalto castizo en la plaza de Lavapiés. A partir del momento del rapto comienzan los interrogantes sobre cómo seis jóvenes pueden desatornillar de su base este voluminoso objeto decorativo, sin que nadie se aperciba de ello, por muy de madrugada que fuera; cómo pueden acarrear un animal de unos 400 kilos de peso, lo que me hace pensar que de nada sirve el dicho de “eres más pesado que una vaca en brazos”, porque a este grupo de desalmados no debió pesarles demasiado, y tercera incógnita para una ecuación sin resolver: ¿cómo fueron capaces de subirla hasta un quinto piso de la calle de Canarias? ¿Cabía en el ascensor? De ninguna manera, porque entre otras cosas, el inmueble no tiene ascensor. Misterio.

Tanto movimiento y esfuerzo no iba a pasar desapercibido y un vecino terminó viéndoles y denunciando el caso a la policía, que junto a los organizadores de la exposición de vacas, recuperó a Albertina Pinturita. Todo el ganado está ya al completo, algunos ejemplares heridos por la violencia callejera y otros, como Albertina, con la experiencia de haber sido raptada, llevada en volandas, elevada a las alturas y felizmente liberada por la policía. Como el gracejo del pueblo madrileño no se inhibe casi nunca, desde que se detectó la desaparición de Albertina y hasta que fue hallada en casa de sus raptores, se llegó a comentar en los mentideros sainetescos de Lavapiés, que Albertina se había enamorado del toro de Osborne y ambos habían huido a un descampado del territorio español. Albertina es ahora, tras su liberación, la vaca que rie.

Ángel del Río

Cronista Oficial de Madrid y Getafe

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