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Las heridas silenciosas de la infancia

Las heridas silenciosas de la infancia

Por Celia G. Naranjo
domingo 16 de noviembre de 2008, 00:00h
Es un problema "de siempre", pero ahora empieza a salir a la luz. Una de cada cuatro niñas y uno de cada siete niños, según los expertos, ha sufrido alguna vez abusos sexuales cuyas secuelas psicológicas, si no se tratan, les marcan de por vida. Por eso piden más recursos y, sobre todo, menos silencio.
Los datos parecen demasiado alarmantes como para ignorarlos, aunque se trate de estimaciones de los expertos y no existan apenas estadísticas oficiales con las que contrastarlos. Pero los que conviven día a día con las víctimas coinciden en que, a pesar el muro de silencio que rodea estos asuntos, los casos son mucho más frecuentes de lo que parece. Y hay quien no duda en calificarlos de "lacra social".

Así lo asegura Margarita García, fundadora de la Asociación para la Sanación y Prevención de los Abusos Sexuales en la Infancia (ASPASI). Lo que ocurre es que, por lo general, los abusos a los niños "suelen ser suaves". El abusador, explica, se va ganando al niño con cariño para iniciar un 'juego' que al principio, en la mayoría de los casos, el menor no percibe como perjudicial. "Pero siempre llega un momento en que se da cuenta de que algo no está bien e intenta pararlo, pero ya es demasiado tarde", añade.

Los daños psicológicos que causan los abusos son profundos y difíciles de reparar. Dependen, explica García, de la brutalidad del abuso, de la duración, de quién sea el abusador y del entorno en el que se produzca. De ahí la importancia de la prevención: si se detecta a tiempo, resultará más fácil curar esas heridas.

Por eso, García ha decidido enfocar su trabajo hacia la prevención, no solo hacia la sanación de las víctimas. Porque, si no, puede que, cuando el asunto aflore, "sea demasiado tarde". Como le ocurrió a aquella anciana de 76 años cuya llamada a la asociación suponía la primera vez que hablaba en toda su vida de lo que le ocurrió de niña. O a esa joven de 19 años que calló las vejaciones de su padre por miedo a que su madre no la creyera o apoyara a su progenitor, y esperó a sentirse un poco más fuerte e independiente para poder irse de su casa.

 O al hijo de Yolanda (nombre ficticio), cuyo hijo pequeño sufrió, presuntamente, abusos por parte de su padre desde los 8 hasta los 12 años y ahora, con 20, sufre brotes psicóticos, esquizofrenia, adicción a las drogas y agresividad. Ella no lo supo hasta después de haberse separado de su marido "por otros motivos". "Nunca, jamás en la vida, puedes imaginarte algo así", lamenta. Ahora que conoce el origen de los problemas de su hijo, lucha por curarlo. Ha denunciado a su ex pareja y está pendiente de la decisión del juez, "pero, después de declarar ante el psicólogo forense, mi hijo ha empeorado, porque no ha podido soportar recordar todo aquello de nuevo".

Pese a que cada vez se producen más denuncias de estos delitos, tanto García como el Defensor del Menor, Arturo Canalda, coinciden en que el problema "no es nuevo". Para detectarlo, ASPASI da charlas en los colegios, con el objetivo de que los menores aprendan a hacerse respetar y que tanto ellos como las madres sean capaces de hablar con naturalidad. De esta forma, fomentando la comunicación, dice García, será más fácil detectar el problema, cuando exista, y encauzarlo de forma que dañe lo menos posible al menor y su entorno.

También, añade, hay que incidir en el tratamiento de las víctimas. Hoy en día, apenas existen recursos. El Centro de Intervención en el Abuso Sexual Infantil (CIASI), dependiente de la Comunidad, ha atendido a 427 niños en menos de dos años.  Pero las víctimas y las asociaciones, que destacan la urgencia de la intervención, coinciden en que no es suficiente.

"Es como tener un brazo roto: no se puede esperar a que se celebre un juicio para empezar a curarlo, porque los daños serán mucho mayores y pueden quedar secuelas. Hay que sanarlo aquí y ahora", explica García. La mayor parte de las víctimas, en la actualidad, acaban recurriendo a terapias psicológicas privadas que no todos los bolsillos pueden afrontar. Por eso, tanto García como Canalda piden más recursos para tratar a las víctimas.

¿Y qué pasa con los abusadores? De momento, no existen apenas recursos especializados para ellos, y mucho menos cuando ellos también son menores de edad. Aunque no existen datos sobre qué porcentaje de ellos son adultos y cuántos no, el CIASI atendió en dos años a 37 menores que los habían cometido. También se sabe que este tipo de delincuentes son muy reincidentes. Por eso, dice García, "hay que atajar su problema desde el momento en que empieza a cometer los abusos, porque si no, mañana lo hará con otro menor".
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