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Crítica teatral.- La familia Coleman: en las mejores casas...

Crítica teatral.- La familia Coleman: en las mejores casas...

viernes 31 de octubre de 2008, 00:00h
Actualizado: 02/11/2008 15:18h
Hace más o menos treinta años llegaron a España, acuciados por la grave situación en muchos países latinoamericanos, bastantes grupos y artistas, sobre todo de Argentina. Los Comediantes de San Telmo, el Teatro de los Buenos Aires, Nacha Guevara, Cipe Linkowski, Norman Briski... nos deslumbraron cuando estábamos todavía saliendo de la larga etapa de censura. Este otoño de 2008 también recibimos visitas notables: Los Amados, Caviar Follies y La familia Coleman. Tres estupendos espectáculos argentinos de géneros diversos pero con un denominador común: la gran interpretación.
“La familia Coleman” ha sido el último montaje en llegar, instalándose en la sala pequeña del teatro Español hasta el 23 de noviembre. Creado y dirigido por Claudio Tolcachir, es la crónica anunciada sobre la destrucción de una familia, de las que aquí calificaríamos como “desestructurada”. Pero, en realidad, es una familia destruida por una serie de circunstancias que el espectador debe intuir. Son tres generaciones: la abuela, la madre y los hijos, de distintos padres. Para la madre es una familia “normal” pero la abuela acaba reconociendo que es “rara”. Sólo el personaje de la abuela les mantiene unidos. Cuando esta desaparece el microcosmos se desintegra.

Los intérpretes
Son ocho actores en estado de gracia. Cada uno viviendo en su mundo particular y chocando con los demás. No hay fisuras en el reparto, pero a mí me gustaría destacar a Miriam Odorico –la madre- y a Adriana Dvoskin –la abuela-. Las dos ofrecen un recital de naturalidad y composición de sus personajes. También son las que tienen unos textos más racionales y definidos. A la salida me comentaba un espectador que se había olvidado de que eran actores. Le pareció estar viendo una auténtica familia. A lo mejor es que el formidable trabajo interpretativo interesa más que el texto. Y, también, que al sernos desconocidos a los madrileños sus rostros, no sabemos qué papeles han hecho antes.

Espacio múltiple

Hay un solo escenario convertido en múltiples lugares donde se localizan las distintas acciones. Los actores permanecen en la penumbra cuando no tienen diálogo y el público los ve entrar en situación directamente. El pequeño espacio de la sala II del Español resulta un poco insuficiente para este espectáculo, pero la dificultad se salva sin problemas. El director, por su parte, ha montado los saltos de tiempo y espacio con originalidad y eficacia, mostrando cómo se pueden evitar tiempos muertos o cambios engorrosos que, muchas veces, lastran el ritmo de los espectáculos. Les puede parecer una cursilería, pero “La familia Coleman” es una delicada pieza de orfebrería interpretativa.
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