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El plan de Humanización Sanitaria de Ayuso deshumaniza a las personas con discapacidad

miércoles 24 de junio de 2026, 09:17h

No hace mucho, el Gobierno presidido por Isabel Díaz Ayuso, anunció que su III Plan de Humanización de la Asistencia Sanitaria, que incluirá medidas de todo tipo centradas en las personas, las infraestructuras, su entorno y espacios físicos. Hará que la Comunidad de Madrid sea ‘pionera en España’.
No se dieron cuenta que, a veces, un pequeño detalle técnico, como un apoyabrazos en los bancos y asientos en los centros de salud y hospitales, es el punto de apoyo que marca la diferencia entre la autonomía y la dependencia, o entre la dignidad y la frustración.


Es muy frustrante ver cómo se diseñan planes de humanización que, en la práctica, olvidan las necesidades más básicas y tangibles de los colectivos más vulnerables.
Ayuso, que es el espíritu de la contradicción en materia de sanidad pública porque hay una gran brecha entre el discurso y la realidad, no se ha debido de dar cuenta que, en el citado plan, el diseño universal es un derecho, no un lujo. Debe quedar claro que un plan de humanización falla en su base si no cumple con el principio de diseño universal.


Quizá ella y los suyos no han entendido que la humanización no es solo poner colores bonitos o música ambiental: es garantizar que el entorno sea accesible para todos.
Deben asumir que, si un banco impide que una persona mayor o con discapacidad se levante, el entorno es excluyente. La falta de apoyabrazos ergonómicos es una barrera física que atenta directamente contra la autonomía del paciente.
¿Cómo se puede hablar de humanizar si el mobiliario físico está diseñado para personas jóvenes y sin limitaciones físicas, dejando de lado a quienes más tiempo pasan en esas salas?
Más allá de la comodidad, esto es un tema de salud. Hacer un esfuerzo físico excesivo para levantarse puede causar caídas, dolor o fatiga innecesaria. Al no considerar estos detalles, el sistema está generando una carga adicional (física y emocional) en los pacientes. Esto es el polo opuesto de lo que debería ser un entorno humanizado. A veces, poner el foco en algo tan concreto y obvio como un apoyabrazos hace que sea muy difícil para ellos defenderse con tecnicismos.
Estoy convencido de que la verdadera humanización se nota en los detalles más pequeños.


No tengo claro, y tampoco aparece en los documentos del equipo de Ayuso, si en la elaboración de este plan se consultó realmente a asociaciones de personas mayores o de personas con discapacidad.
Espero que este artículo, que se lee en la Consejería de Sanidad, sirva para algo más que mis quejas en el mismo departamento. Y si no tengo suerte, acudiré al Defensor del Pueblo, dirigido por Ángel Gabilondo, del que me consta que tiene claro que los derechos de las personas con distintas capacidades merecen ser defendidos.


Pocas semanas después de que el Gobierno de Ayuso informase de su Plan de Humanización, visité el Hospital Gregorio Marañón. Sucedió hace unos días y pude comprobar las dos caras de la sanidad pública madrileña. Todo se desarrolló en el área de Maxilofacial. Era media mañana y me dirigí a la consulta donde estaba citado. Antes de llegar, una enfermera me ofreció nada más verme todo tipo de información y me pidió que tomara asiento antes de pasarme al despacho correspondiente. Le pregunté dónde podía sentarme porque ninguno de los bancos contaba con apoyabrazos que posibilitan a personas con distintas capacidades o de edad muy adulta levantarse al ser llamados. Le expliqué esa conocida frase de ‘darme un punto de apoyo y moveré el mundo’. Me sonrió, se ofreció a ayudarme y antes de que pasara un minuto me ofreció una silla con apoyabrazos. Mientras esperaba ser atendido por el equipo médico -doctores y doctoras-, observé con atención cómo desarrollaba su trabajo esa excelente profesional sanitaria. Me di cuenta de que yo no recibí un trato especial por deambular con muletas, atendió de la misma manera a todas las personas que se dirigían a su ventanilla. Una gran profesional con varias décadas como trabajadora de la sanidad pública y un verdadero ejemplo de la atención sanitaria. Cuando fui llamado a entrar en consulta, su mano amiga ayudó a que mi incorporación resultase satisfactoria. Mientras me levantaba, le dije por lo bajini que es una excelente profesional, igual que el resto de los profesionales de ese departamento de la sanidad pública. Me recomendaron que mi queja no se quedara en mi reclamación del momento. Recordé que hace muchos meses presente una queja por escrito en la Consejería de Sanidad, que respondió con el clásico ‘estamos en ello’. También lo he comentado cara a cara con gente que pinta algo en ese departamento e incluso con la consejera, Fátima Matute. Me he quejado de que los centros de salud de Rivas-Vaciamadrid -donde resido-tienen el mismo problema.
En el Gregorio Marañón vi la mejor cara de la sanidad pública, representada por sus profesionales, y también la cara dura de unos directivos que si no atienden pequeñas demandas, menos aun hacen con las reivindicaciones de sus profesionales médicos y de enfermería, y las de los pacientes que exigen menos listas de espera y que lo privado no se lleve lo que es de todos. Hace poco, en el Centro de Salud la Paz de Rivas, escuché a una paciente impaciente decir que los déficits de la sanidad de Ayuso no son un tirón de orejas ni un tirón callejero, sino un Quirón. No entendí bien qué quería decir, pero sí que el plan de humanización de Ayuso deshumaniza a las personas con distintas capacidades. ¿Será que no somos humanos?

Nino Olmeda

Periodista. Empezó su carrera profesional en El Socialista, colaboró con medios como Diario 16 e Interviú y durante casi una década intervino en tertulias de la Cadena Ser. Fue presidente de Tele K (televisión de Vallekas). Durante más de 30 años se dedicó a la información autonómica en Servimedia, Ha recibido numerosos premios de la Asamblea de Madrid, el Gobierno regional, la ONCE, Canal 33 y premio APM, entre otros. También ha recibido, tras su jubilación que no retirada, un homenaje de los todos los presidentes de la Comunidad de Madrid y de la Asamblea autonómica. En la actualidad, colabora con Madridiario y Zarabanda.

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