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Pablo Aguado, cabizbajo, entrega a su subalterno Perico el descabello con el que falló repetidas veces con su primer toro, con el que escuchó los tres avisos.
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Pablo Aguado, cabizbajo, entrega a su subalterno Perico el descabello con el que falló repetidas veces con su primer toro, con el que escuchó los tres avisos. (Foto: Alfredo Arévalo)

Llegan las figuras, desaparece el toro y montan un bochornoso espectáculo

Por Emilio Martínez
viernes 22 de mayo de 2026, 08:26h

¡Pum, petardo! Así estalló a coro una parte del público durante la lidia, o lo que fuera aquello, del sexto toro, o lo que fuera aquello. Y tenían razón. Porque, como en tantas otras ocasiones cuando aparecen los mandamases del escalafón, también llamados figuras, desaparece el toro. Aunque la desvergüenza en esa ocasión fue enorme, quizás imbatible, quizás insuperable, por la bochornosa presentación de los animales de las dos divisas de El Puerto. A tal desafuero y sus cómodas cabezas, añadieron una condición de inválidos o casi, por lo que el espectáculo fue indigno de la primera plaza de mundo. Sin que se salven del bochorno Manzanares, Juan Ortega y Pablo Aguado -que batió el récord mundial de descabellos con su primero, devuelto al corral tras sonar los tres avisos-, a base de posturitas intentando hacer como que toreaban, y los dos últimos absolutamente incapaces con estos toritos, que más que miedo, daban pena. Y tampoco los sobreros de José Vázquez y El Freixo -propiedad de El Juli-.se salvaron de la quema. En fin, una tomadura de pelo, una pantomima.

Y ya dan ganas de no seguir con la crónica para no hacerles perder el tiempo, queridos lectores. Pero la obligación es la obligación. El petardo comenzó pronto, nada más aparecer por chiqueros la piltrafa que abrió el desastre y que también se hubiera protestado en plazas de segunda categoría. Manzanares, que sigue de año sabático, como desde antes de la pandemia, lo veroniqueó con cierto gusto -en lo único destacable a nivel artístico de la corrida, y luego ante un animal con la boca abierta y pidiendo la muerte, anduvo por acá y por acullá, sufriendo un bonito desarme.

El segundo titular fue devuelto por inválido, saliendo un sobrero anovillado y con fuerzas similares pero que se mantuvo en pie de milagro. El pobre, que tenía un trote cochinero, hocicó la arena al segundo muletazo -textual- mientras Ortega se ponía bonito. Hubo repetición de la jugada con el siguiente con el mínimo trapío que se exige en Las Ventas, eso siendo condescendiente, y similares fuerzas.

on el que Aguado tras media desprendida protagonizó un mitin al descabellar. Al margen de los pitos que cosechó, es verdad que hubo división de opiniones… sobre el número de golpes de cruceta que le dio: unos que 16, otros que 17, y así hasta los 21. El cuarto anunciado también fue al corral y su sustituto, muy escurrido de atrás y flojísimo, andaa también por allí mientras Manzanares lo molía a trapazos.

Eso sí, como a todo hay quien gane, Ortega aún estuvo peor, viéndose superado por su segundo, también un flojo ejemplar en lo mínimo que debía aparecer por toriles en la Monumental, y único que cumplió en el penco. Y, por fin, llegó el epílogo con un Aguado también incapaz con el último del bochorno, de pésima presencia e igual de blando que todos. Momento en que se cantó el ¡Pum, petardo!

FICHA

Dos toros de PUERTO DE SAN LORENZO, 1º, mal presentado, y 3º, justo de trapío; dos de LA VENTANA DEL PUERTO, 5º, de ajustada presencia, y 6º, muy mal presentado. 2º, sobrero, de JOSÉ VÁZQUEZ, sin trapío, y 4º, sobrero, de EL FREIXO, sin presencia. Todos muy flojos, nobles, mansos y descastados. MANZANARES: silencio; silencio. JUAN ORTEGA: silencio; silencio. PABLO AGUADO: pitos tras tres avisos; silencio. Plaza de Las Ventas, 21 de mayo, 12ª de Feria. Lleno de ‘no hay billetes’ (22.964 espectadores, según la empresa).

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