El bailarín y coreógrafo madrileño Goyo Montero vuelve a su ciudad natal al frente del Staatsballett Hannover. Hijo de los bailarines Goyo Montero y Rosa Morel se formó con Carmen Roche y en el Real Conservatorio de Danza Profesional de Madrid. Después estuvo en la Escuela Nacional de Ballet de Cuba bajo la dirección de Alicia Alonso. Prácticamente toda su carrera artística se ha desarrollado fuera de España, consolidándose desde hace veinte años en Alemania.
-Aquí damos por sentado -afirma Montero- que existe el talento. Somos un pueblo que danza, no como el alemán. No existen muchos bailarines alemanes, por eso abrazan el talento extranjero. Me gustaría que en España se crearan más compañías y centros estables. Cuando empecé a bailar, mi padre me decía que cuando fuera mayor habría más compañías aquí. No ha sido así: hay menos. Yo me quise ir fuera para enriquecerme profesionalmente y hacer una carrera internacional, como han hecho tantos. Pero no tener la oportunidad de empezar en tu país y tener que marcharte obligatoriamente porque no hay trabajo suficiente, es algo que se debería mejorar.

Montero ha estado diecisiete años al frente del Ballet Estatal de Núremberg, del que saltó al de Hannover, una ciudad con 700.000 habitantes y con un complejo teatral en el que trabajan 1.500 personas. Goyo Montero:
-Yo hice mi carrera como bailarín básicamente en Alemania, donde comencé con diecinueve años. Estuve en Bélgica, en Inglaterra pero, sobre todo, en Alemania. Cuando comencé a hacer coreografías me vine cuatro o cinco años a Madrid para trabajar con algunas compañías y, con treinta y tres años tuve un golpe de suerte increíble porque me llamaron para dirigir el Ballet de Núremberg. Yo tenía una trayectoria como bailarín, como coreógrafo emergente, pero no era un gran nombre de la danza, ni tenía experiencia como director. Allí me fui y pasé diecisiete años, que han sido como un suspiro. Llegamos a construir un proyecto que es enormemente popular, con una ocupación de cualquier función cercana al cien por cien. Cuando pensaba que necesitaba un cambio, me llamaron de Hannover para dirigir el nuevo proyecto de la compañía y decidí empezar de nuevo.
¿Seguirás en Alemania?
-Creo que me quedaré en Alemania mientras los proyectos me ilusionen. Es un país que me lo ha dado todo y en el que se puede trabajar con gran comodidad y con una visión a medio y largo plazo. No sé dónde terminaré, pero es que soy medio alemán, mi hijo es alemán, aunque me siento muy español. Cada vez que vuelvo es como si no me hubiera ido nunca.
Con esta trayectoria sorprende que sus coreografías apenas se hayan interpretado por compañías españolas. La Nacional de Danza presentó en el Real su Romeo y Julieta.
-He hecho coreografías -dice Montero- para compañías de todo el mundo, menos para españolas. Pero es que tampoco hay tantas. Me encantaría dirigir ópera, teatro… no me veo solo como un artista coreógrafo.

La expectación por ver al Staatsballett Hannover por primera vez en Madrid, con sus veintiocho bailarines, es grande. Se presenta con una de las coreografías más destacadas de Montero: Goldberg, sobre las variaciones de Bach, con aportaciones de Owen Belton. Goyo Montero:
-Bach es uno de mis compositores más apreciados. El primer espectáculo completo que coreografía fue Vasos comunicantes, con partitura suya. He vuelto a Bach en un homenaje que hice a mi padre y siempre quise hacer Goldberg, pero era algo como muy difícil. Las bailé muchas veces en Berlín, en la versión clásica con el piano en escena, pero quería hacer algo distinto, un reto coreográfico. Hablé con Belton, el compositor canadiense con el que trabajo desde hace once años y reflexionamos sobre como acercarnos a Goldberg.
El resultado es un espectáculo potente, que ha sido necesario adaptar a las dimensiones de la nave de Legazpi, con escenografía de Allen Wilmer y Gañán y con un singular vestuario de Salvador Mateu, porque cada malla, cada traje, está creado específicamente para un bailarín. Las mallas son como radiografías individuales de todos y cada uno de los intérpretes.
El empeño de María Pagés para recuperar el talento nacional disperso por el mundo ha fructificado con esta breve temporada de la compañía alemana. A la vista del éxito ya están pensando en volver dentro de dos años, permaneciendo más días en la capital.
Goldberg se representa en el Centro de Danza Matadero los días 7,8 y 9 de mayo. Las entradas están agotadas.