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TAL DÍA COMO HOY EN MADRID

Felipe V: un rey contra su propia mente

Felipe V: un rey contra su propia mente

martes 07 de abril de 2026, 07:00h
Actualizado: 07/04/2026 07:38h

Madrid no siempre ha sido una ciudad de certezas. Hay momentos en los que, sin ruido, algo se rompe por dentro. El 7 de abril de 1724 fue uno de ellos.

Aquel día, Felipe V abdica.

No por estrategia. No por cálculo. Sino por agotamiento.

🎧 Escucha el episodio completo de Tal día como hoy en Madrid y descubre una historia donde la debilidad cambió el rumbo de un país:

Primer Borbón en el trono de España, Felipe había llegado desde Francia tras la muerte sin herederos de Carlos II, en medio de una guerra que cambió el país. Nieto de Luis XIV, traía consigo un modelo de monarquía moderno, centralizado, casi matemático.

Pero Madrid no era Versalles.

Y Felipe V tampoco era Luis XIV.

Desde muy pronto, su reinado estuvo atravesado por una inestabilidad que hoy identificaríamos como depresión severa. Días enteros sin levantarse, episodios de desconexión, obsesiones físicas —llegó a creer que su cuerpo se descomponía o que ya había muerto— y una incapacidad creciente para sostener el peso del poder.

La corte lo sabía.

Y se reorganizaba alrededor de ello.

En ese contexto, la figura de Isabel de Farnesio resulta clave. Segunda esposa del rey, fue mucho más que una consorte. Inteligente, ambiciosa y profundamente política, asumió un papel determinante en el gobierno. No solo sostuvo la estructura cuando el rey no podía, sino que orientó la estrategia de la monarquía, especialmente en lo que respecta al futuro de sus propios hijos.

La abdicación fue la salida a una situación insostenible.

El trono pasó entonces a Luis I, un joven de diecisiete años que encarnaba la posibilidad de un cambio. Durante unos meses, Madrid vivió con la sensación de que algo nuevo podía empezar.

Pero ese cambio no llegó.

En el verano de 1724, la viruela alcanzó al joven rey. La enfermedad avanzó con rapidez y, en apenas unos días, Luis I murió. Su reinado duró solo 229 días.

La monarquía no podía permitirse el vacío.

Felipe V regresó al trono.

No como un rey renovado, sino como alguien que no había conseguido escapar de aquello que le desbordaba. Su segundo reinado, que se prolongó hasta 1746, estuvo marcado por esa dualidad constante: la necesidad de gobernar y la incapacidad para sostenerse plenamente.

En ese equilibrio frágil, el papel de Isabel de Farnesio se consolidó aún más, convirtiéndose en una de las figuras políticas más influyentes de la corte.

Madrid, mientras tanto, siguió adelante.

Creció, se reorganizó, avanzó bajo una nueva dinastía que impulsó reformas profundas. Pero bajo esa normalidad, quedó el eco de aquel episodio insólito: el de un rey que renunció, un hijo que no pudo reinar y un regreso que nadie había previsto.

Porque aquel 7 de abril no fue solo una fecha.

Fue el momento en el que el poder dejó de parecer invencible.

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