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TAL DÍA COMO HOY EN MADRID

Colas en el banco de España el último día para cambiar pesetas
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Colas en el banco de España el último día para cambiar pesetas (Foto: Antonio Castro)

La última tirada en pesetas

viernes 21 de noviembre de 2025, 08:00h
Actualizado: 25/11/2025 19:59h

Madrid, 21 de noviembre del año 2000. Tras los muros sobrios de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, las prensas rugían por última vez para dar vida a billetes que pronto serían recuerdo. Aquella jornada marcó el fin de una era: la peseta, nacida en 1868, se despedía tras más de un siglo acompañando la vida cotidiana de los españoles. No hubo discursos ni fanfarrias, solo el rumor metálico de unas máquinas que decían adiós.

El proceso era casi artesanal, aunque rodeado de tecnología y secretos. El papel, fabricado en Burgos con algodón puro, llevaba fibras invisibles y marcas de agua que solo se revelaban bajo luz ultravioleta. Sobre él, planchas de acero grabadas mediante calcografía imprimían retratos en relieve, mientras tintas ópticamente variables y hilos metálicos garantizaban la seguridad. Cada billete recibía un número único antes de pasar por controles electrónicos que detectaban cualquier error. Los que fallaban se destruían en trituradoras industriales, como si se borrara un poema inacabado.

Los últimos billetes fueron de 1.000 pesetas, con la imagen de Hernán Cortés. Afuera, Madrid seguía su rutina, entre conversaciones en los bares sobre equivalencias y colas en los bancos para cambiar billetes por los nuevos kits de monedas de euro. Hubo fiestas de despedida, errores de cálculo y hasta resistencia: algunos comercios mantuvieron precios en pesetas durante meses, como gesto de nostalgia. Las abuelas guardaban fajos en cajas de galletas, temiendo que el euro les confundiera, mientras los carteles repetían la cifra mágica: 166,386 pesetas = 1 euro.

La transición no fue solo económica: fue cultural. La peseta era lenguaje cotidiano, memoria en papel y metal, con rostros de escritores, conquistadores y científicos que viajaban de mano en mano. “Dame mil pelas”, “Esto vale cuatro duros”… expresiones que se apagaron con el cambio de siglo. El euro llegó como símbolo de modernidad y pertenencia europea, pero también como un amanecer incierto que todos aprenderían a nombrar.

Cuando las prensas callaron, la ciudad no escuchó fanfarrias. Solo el silencio de una máquina que apagaba su último latido. La peseta se convirtió en memoria, mientras el euro aguardaba, brillante y desconocido, al otro lado del umbral.

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