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Cómo elegir la mejor tarima de exterior según el clima de tu zona

Cómo elegir la mejor tarima de exterior según el clima de tu zona
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Por MDO
jueves 19 de junio de 2025, 10:12h

A la hora de diseñar una zona exterior, elegir una buena tarima es tan importante como cualquier otro elemento estructural o decorativo. No es lo mismo una terraza en A Coruña que un jardín en Sevilla. El clima influye —y mucho— en la durabilidad, el tipo de material y hasta en la instalación de la tarima. Y como no hay una única opción válida para todo el país, te voy a contar qué debes tener en cuenta según la zona donde vivas. Vamos a repasar cómo afecta el clima del norte, del sur, del levante o de la zona central para que aciertes desde el primer tornillo.


Zona central y Madrid: calor seco, heladas y contrastes

En el centro peninsular, especialmente en Madrid y sus alrededores, el clima es más extremo y variable que en otras zonas. Las temperaturas en verano superan fácilmente los 35 °C, mientras que en invierno las heladas son frecuentes. Esta combinación de calor seco y frío nocturno obliga a buscar soluciones que aguanten los contrastes térmicos sin deformarse ni agrietarse. En estas condiciones, tanto las maderas tropicales bien tratadas como los composites técnicos rinden de maravilla. Si prefieres algo más natural, busca una madera exterior con buena densidad y estabilidad, como el ipe o el cumarú, que soportan los cambios sin deteriorarse. Eso sí, hay que ser constante con el mantenimiento para evitar que pierdan su color o se resequen. En cambio, si prefieres algo sin preocupaciones, los materiales sintéticos o combinados te ofrecen un acabado estético similar y mucha más estabilidad frente a las oscilaciones térmicas.


Si vives en el norte, la humedad manda

El norte de España, con su clima húmedo y abundantes lluvias, pone a prueba cualquier tarima. Desde Galicia hasta el País Vasco, pasando por Asturias o Cantabria, lo más habitual es que la madera esté expuesta a cambios constantes de temperatura y, sobre todo, a mucha humedad. En estos casos, lo que mejor funciona son materiales tecnológicos que resistan ese ambiente sin hincharse, pudrirse ni deformarse. Aquí entran en juego opciones como las tarimas de composite de alta densidad, que mezclan fibras de madera con polímeros resistentes y ofrecen una solución duradera, antideslizante y con cero mantenimiento. Si estás cansado de tener que lijar o tratar la madera cada temporada, esta opción te da una tranquilidad absoluta. Además, se comportan muy bien frente a la formación de moho, que es el auténtico enemigo silencioso en las zonas húmedas.


En el sur, el calor y el sol lo condicionan todo

Cuando nos vamos al sur —Andalucía, Murcia o incluso algunas zonas extremeñas—, el escenario cambia completamente. Aquí el enemigo no es el agua, sino el sol y las altas temperaturas. El calor castiga los materiales, los reseca, los agrieta y puede incluso cambiar su color si no están preparados. Por eso, si estás pensando en renovar tu patio en Córdoba o el jardín de tu casa en Sevilla, necesitas una tarima exterior que soporte bien los rayos UV y que no se recaliente hasta el punto de que sea imposible pisarla. Las tarimas con tratamientos anti-UV o los compuestos con tecnología de enfriamiento superficial son grandes aliados. En climas tan cálidos también es fundamental pensar en el color: las tarimas más claras absorben menos calor, lo que se agradece en pleno agosto. Y si además cuentas con piscina, que el material no resbale es aún más importante.


Zona de Levante: la brisa marina tiene truco

La zona del levante español —desde Castellón hasta Almería pasando por Valencia y Alicante— vive entre el sol, la humedad del mar y la brisa constante. Este cóctel es precioso para disfrutar al aire libre, pero un desafío técnico para cualquier instalación exterior. En estas áreas costeras, lo que más daña las tarimas es la salinidad. El aire marino acelera el desgaste de muchos materiales y puede dañar incluso fijaciones o herrajes si no son inoxidables. Por eso conviene apostar por tarimas con certificaciones de uso en entornos salinos y materiales preparados para resistir este tipo de clima tan concreto. Además, los modelos con estructuras de instalación ventiladas permiten que circule el aire por debajo, evitando acumulaciones de humedad o calor. Este tipo de detalles marcan la diferencia cuando quieres que una tarima dure muchos años sin sorpresas.


¿Cuál es tu prioridad: estética, durabilidad o mantenimiento?

Elegir la mejor tarima no es solo cuestión de clima, también importa lo que tú valoras más. ¿Quieres que parezca madera auténtica? ¿O prefieres algo que no tengas que cuidar cada temporada? En zonas lluviosas y húmedas, donde el moho y la hinchazón pueden ser un quebradero de cabeza, lo lógico es priorizar resistencia al agua y facilidad de mantenimiento. Pero si lo tuyo es un jardín seco en pleno centro de Andalucía, necesitarás una tarima que no se descomponga con el sol. Incluso si vives en un ático en Madrid y el suelo se cuece en verano, deberías pensar en una que no se recaliente demasiado. Y esto, aunque parezca obvio, muchas veces se pasa por alto. Porque la tarima perfecta no es la más cara, ni la más bonita, es la que encaja de verdad con el entorno donde la vas a poner. Así que, antes de decidirte, mira bien el cielo de tu ciudad… y luego el suelo que quieres pisar.