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Cómo diferentes culturas entienden la suerte y el destino

Cómo diferentes culturas entienden la suerte y el destino
Por MDO
lunes 24 de marzo de 2025, 09:52h
Actualizado: 23/07/2025 11:42h

El otro día, mientras navegaba por Casino Posido, me puse a pensar en cómo mi abuela, que era napolitana, se volvía loca con la lotería. Tenía sus números "sagrados", sus rituales raros para elegirlos y hasta un pequeño altar con velas y todo. Lo más gracioso es que cuando le preguntaba por qué hacía esas cosas, se limitaba a guiñarme un ojo y decir: "Figlio mio, hay cosas que es mejor no explicar". Y así, entre supersticiones y cafés cortados, me di cuenta de que esto del juego y la suerte cambia un montón según dónde hayas nacido.

El rojo es buena suerte... ¿o era mala?

Mi colega Zhao, que conocí cuando trabajaba de camarero en un restaurante de Lavapiés, siempre venía vestido de rojo los días que quedábamos para echar unas partidas de póker. Al principio pensaba que era casualidad o que tenía un armario muy monocromático, hasta que una noche de confesiones etílicas me explicó que en China el rojo es LA color de la buena suerte.

"¿Sabes por qué en los sobres de año nuevo chino siempre metemos dinero en sobres rojos?", me preguntó mientras barajaba las cartas con una habilidad que me hacía sospechar que había dedicado muchas más horas a esto de lo que admitía.

"Ni idea, ¿porque queda bonito?", respondí como el ignorante que era.

Se rio y me contó que el rojo espanta a un monstruo mitológico llamado Nian que, según la leyenda, se comía a la peña en Año Nuevo. ¿Casualidad que en Las Vegas estén llenos de luces rojas? Lo dudo.

Los números que dan miedo (o no)

Una tarde en la oficina, armamos un sorteo para un amigo invisible navideño. Cuando le tocó elegir número a Hana, mi compañera japonesa, se negó en redondo a coger el número 4.

"Dame otro, por favor", dijo con una seriedad que no pegaba nada con la tontería que estábamos haciendo.

Más tarde me explicó que en Japón el 4 se pronuncia igual que "muerte" y que es tan gafe que muchos edificios directamente se saltan ese piso en la numeración. Como los hoteles americanos, que a veces no tienen piso 13.

"Pero entonces, ¿el 4 está gafado en todas partes?", le pregunté.

"Para nada, en China tienen pánico al 4, pero el 8 es buenísimo porque suena como 'prosperidad'. Tanto que hay gente que paga fortunas por matrículas o números de teléfono plagados de ochos", me explicó.

En ese momento pensé en mi tía Carmen, que no pasaba por debajo de ninguna escalera ni por encima de ninguna alcantarilla. Las supersticiones están en todas partes, solo cambian de forma.

La suerte no existe... ¿o tal vez sí?

Mi profesor de filosofía en el instituto, un tipo calvo con gafas redondas que parecía sacado de una peli de Woody Allen, siempre decía que "la suerte es la excusa de los que no se esfuerzan". Muy bonito el eslogan, pero claramente nunca había conocido a mi tío Paco, el hombre con peor suerte del planeta.

Una vez, Paco ganó en la lotería. Genial, ¿no? Pues el billete se le cayó por el inodoro. Sin comentarios.

Los dioses del juego y otras historias

Un verano en Tailandia, nuestro guía Somchai nos llevó a un templo donde la gente rezaba a un Buda dorado antes de comprar lotería.

"Le piden números ganadores y luego buscan señales", nos explicó. "Un pájaro que se posa en un cable, la matrícula de un taxi, cualquier cosa puede ser un mensaje divino con los números adecuados".

Me recordó a mi vecina Dolores, que tiene un sistema similar pero con San Pancracio y los sueños que tiene la noche anterior al sorteo.

Mi amigo Lamine, que es de Senegal, me contó que en su pueblo consultaban a un marabout (una especie de adivino local) antes de cualquier decisión importante, incluido en qué apostar.

"¿Y funciona?", le pregunté escéptico.

"A veces sí, a veces no. Como todo en la vida", respondió con una sonrisa que escondía más sabiduría que todas mis lecturas sobre probabilidad estadística.

Cuando el juego es más que juego

Me acuerdo de una Nochevieja en casa de mi ex, cuya familia era italiana. Acabada la cena, su abuela sacó una baraja de cartas desgastada y comenzó un ritual que, según me explicó mi entonces novia, llevaban haciendo generaciones.

"La Scopa es más que un juego para nosotros", me dijo. "Es una forma de mantener vivas las tradiciones, de conectar con quienes ya no están".

El juego como termómetro cultural

Mi jefe, un tipo bastante peculiar, dice que quieres conocer de verdad a alguien, juégale al póker. Y creo que algo parecido se puede decir de las culturas.

Los británicos con sus apuestas deportivas tan "caballerosas", los rusos y su ruleta (que por algo lleva su nombre), los macaenses y su obsesión por el baccarat... Cada sociedad juega como vive.

Incluso en España, ¿te has fijado que el bingo es casi un ritual social para cierta generación de señoras? Mi abuela Concha quedaba todos los miércoles con "las chicas" (todas pasando los 70) para el bingo, armadas con sus cartones, sus rotuladores y sus amuletos de la suerte. No iban tanto por ganar como por el ritual, el cotilleo, y la excusa para escaparse de casa.

Como me dijo una vez un taxista filósofo en Barcelona: "Al final, chaval, todos jugamos con las cartas que nos han tocado. Algunos las miran con miedo, otros con esperanza. Ahí está la diferencia".

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