El arsénico es un metal que está presente de manera natural en nuestro planeta y que podemos terminar bebiendo por varios factores, algo que es lo último que deseamos.
De hecho, el arsénico en agua potable es más común de lo que pensamos en algunas zonas de España, de manera que hay que permanecer atentos a sus niveles para ver si tenemos que tomar medidas.
¿Por qué puede estar el agua contaminada de arsénico?
Hay varias razones por las que el agua se contamina con este mineral tan peligroso y, aunque la mano del ser humano suele estar detrás, a veces solo es parte de un proceso natural. En algunas zonas de España, el arsénico es un mineral presente en el suelo. De esta manera, cuando se descompone puede acabar en las aguas subterráneas.
Las minas son otras de las culpables, así como también ciertos productos químicos que se emplean en la agricultura y en la industria.
¿Hay riesgos para la salud si bebemos agua con arsénico?
Lo cierto es que sí. Estos problemas los percibimos a largo plazo, de forma que se puede decir que nos vamos “envenenando” poco a poco.
Problemas en la piel
Si ingerimos arsénico, es posible que con el paso de los años desarrollemos trastornos cutáneos. Uno de los más comunes es la queratosis, una enfermedad que hace que aparezcan lesiones en las palmas de las manos y en las de los pies.
Podemos padecer un cáncer
Cuando la exposición es muy prolongada (pasamos años y años bebiendo arsénico), la posibilidad de tener algunos tipos de cáncer es alta. Entre ellos está el de vejiga, pulmón o el de piel.
Esto se debe a que los compuestos de arsénico, que se forman en combinación con las sales y los minerales del agua, tienen la capacidad de causar cáncer en nuestras células.
Afecta al sistema nervioso
Existen sustancias que son neurotóxicas y el arsénico es una de ellas. Por eso, interfiere en el funcionamiento del sistema nervioso central. Los síntomas son pérdidas de memoria, disminución de las capacidades cognitivas y dificultades a la hora de concentrarse.
¿Cómo se elimina el arsénico del agua?
Lo usual es que las empresas que llevan el agua hasta nuestros grifos eliminen el arsénico antes de que nos lo bebamos. Pueden emplear diversos sistemas, algo que también podemos hacer nosotros en casa.
Ósmosis inversa
Es uno de los procedimientos más habituales. Funciona con una membrana a través de la cual se empuja el agua. La membrana deja pasar el líquido, pero no las impurezas como el arsénico u otros contaminantes.
Podemos poner en casa uno de estos sistemas por un precio bastante asequible, colocando los filtros debajo del fregadero.
Mediante filtros específicos
Otra manera de capturar el arsénico es con sistemas de filtración específicos. En concreto, los filtros de óxido de hierro y aluminio son los mejores y los más indicados para este fin.
Adsorción
Por último, podemos eliminar el arsénico en el agua con la adsorción. Nos harán falta materiales como las zeolitas o el carbón activado, los cuales capturan los iones de arsénico del agua.