El 19 de enero de 1956 se estrenó en el teatro Maravillas la revista El águila de fuego, con Celia Gámez. En el programa de mano leemos, en la última línea del reparto: Botones-Conchita Velasco. Ahí comenzó una de las carreras artísticas más extraordinarias del último siglo. Aquel botones y chica del conjunto se convertiría en la estrella Concha Velasco que, dos años antes, había aparecido en cine con dos cortos papeles. Un artículo necrológico resulta absolutamente insuficiente para glosar una carrera como la suya, desarrollada en el teatro, el cine y la televisión. Porque lo primero que llama la atención es su enorme capacidad de trabajo durante toda su vida: 80 películas, 30 montajes teatrales, 18 series de televisión, 6 grabaciones de Estudio1, presentadora de media docena de programas televisivos, una veintena de discos en solitario o con artistas como Manolo Escobar…
La Velasco cultivó todos los géneros y en todos triunfó. Tras abandonar los musicales al comienzo de su carrera (Te espero en Eslava, The boy friend, El cumpleaños de la tortuga), volvió al género en 1986 con la revista Mamá quiero ser artista. Dos años más tarde desterró para siempre la pasarela revisteril con el musical Carmen, Carmen, donde vimos otra forma de enfrentarse al género y donde logró un enorme éxito. Quiso revalidarlo con La Truhana, al abrigo de la Expo 92, y fue un gran fracaso. También lo había sido Mata-Hari. Produjo una excelente Hello Dolly y, llenando los teatros, se arruinó.
Fue actriz de comedia (Yo me bajo en la próxima ¿y usted?) y de grandes dramas: Las arrecogías del beaterio de Santa María Egipcíaca (1977, donde conoció a Paco Marsó con el que contrajo matrimonio), Buenas noche, madre (1984) o Hécuba (2014), cuyas representaciones tuvo que suspender por culpa del cáncer. Ni la enfermedad pudo con ella. Volvió a la escena con Olivia y Eugenio (2014) y nos regaló una memorable Reina Juana (2016), auténtica lección magistral de teatro.

Como otras actrices de su generación, durante unos años tuvo una especial relación con el dramaturgo Antonio Gala. Su primer contacto fue con Las cítaras colgadas de los árboles (1974). El escritor le haría después los libretos para Carmen, Carmen y La Truhana. Y para Concha escribió Las manzanas del viernes (2000) e Inés desabrochada (2003). Esta sería la última obra que estrenó Gala.
Su carrera cinematográfica se disparó en 1958 con Las chicas de la Cruz Roja. José Luis Sáenz de Heredia sería un puntal importante para su afianzamiento como figura indispensable de la gran pantalla. La dirigió en 1965 en Historias de la televisión. En ella Conchita cantaba Una chica ye-ye. Aquel tema se convertiría en su carta de presentación para el resto de su vida. Conchita Velasco siempre será la chica ye-ye. No debemos olvidar la serie de películas coprotagonizas con Manolo Escobar que arrasó en las taquillas.
Pero la actriz quiso demostrar que era algo más que una personalidad chispeante y luchó denodadamente para que Pedro Olea le diera el personaje de La Bringas en Tormento (1974). Fue otro éxito personal que revalidaría con un nuevo drama: Pim, pam, pum… fuego. Quedó claro que Concha valía para cualquier personaje. Como para ser Teresa de Jesús en televisión.

En 2012 la Academia del Cine le otorgó el Goya de Honor a su carrera. En 1987 había sido galardonada con la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes.
En los últimos treinta años Concha ha sido una estrella, una gran estrella que nunca ha perdido el favor del público. Ni sus problemas sentimentales, sus deudas con Hacienda o sus problemas de salud le hicieron perder la sonrisa en público. Contó en varias ocasiones que trabajar con ella podía ser conflictivo si no se tenían las cosas claras. Fue extremadamente rigurosa con el trabajo, especialmente con el teatral. Siempre respetó el rito escénico y no consentía frivolidades en escena.
Su hijo Manuel le escribió las dos comedias con las que dijo adiós a la profesión. Primero fue El funeral (2018) y, dos años más tarde, La habitación de María. En esta última -un monólogo- ya fueron evidentes sus problemas físicos. Permanecía sentada durante toda la representación. Durante la gira tras el estreno en Madrid, sus hijos le hicieron comprender que su salud no le permitía seguir trabajando. Se despidió en Logroño el 21 de septiembre de 2021. Aunque afirmó que podría seguir actuando en cine o televisión, no pudo hacerlo. El deterioro progresivo de su salud provocó su internamiento en una residencia, donde ha fallecido.

Será difícil que volvamos a tener una personalidad tan arrolladora como la de ella en el mundo español del espectáculo. En cualquier caso, nos quedan sus películas y sus series de televisión y a quienes tuvimos la fortuna de ver muchos de sus montajes teatrales, el recuerdo de una actriz única.
Concha Velasco nació en Valladolid el 29 de noviembre de 1939. Ha fallecido en Madrid el 2 de diciembre de 2023.