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Sixto Rodríguez en la presentación del libro 'Historias de Entrevías'
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Sixto Rodríguez en la presentación del libro 'Historias de Entrevías' (Foto: Sixto Rodríguez)

Un libro sobre Entrevías trata de desmontar los estigmas del barrio

Por Ángela Beato
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abeatocmadridiarioes/7/7/19
sábado 22 de julio de 2023, 09:00h
Actualizado: 30/10/2023 12:12h

El extremeño Sixto Rodríguez Leal llegó a vivir a una chabola de Palomeras en 1963. Diez años después fue realojado con su familia en Entrevías, donde reside desde entonces. Coincidiendo con su medio siglo como vecino del barrio, ha publicado ‘Historias de Entrevías’, un libro editado por Radio Vallekas con el que rinde homenaje al que ha sido y es su hogar y desmonta los estigmas asociados a este barrio del distrito de Puente de Vallecas que ha pasado de simbolizar el Madrid periférico a situarse a solo una parada de tren del centro de la capital. El autor ejerce aquí de compilador de textos en los que va tejiendo la evolución de un barrio cercado por las vías del tren. En sus páginas no solo muestra el material extraído de hemerotecas, bibliotecas y blogs. También ha incorporado testimonios gráficos y escritos de amigos que vivieron en primera persona los años de la droga, la emigración, el chabolismo y los movimientos vecinales y que reivindican con orgullo su origen vallecano.

El libro recopila historias, recuerdos y testimonios de gente del barrio. ¿Cuánto tiempo le ha llevado la búsqueda y selección del material?

El libro me ha llevado un año. Bien es cierto que tengo ya otros. Una historia del siglo XX en imágenes de la editorial La Librería que se llama 'Vallecas. Fotos antiguas'. Otro que es 'De Vallecas al Valle del Kas', que abarca del año 75 al 83, sobre la Transición. Luego ‘La Iglesia en Vallecas. Del padre Llanos a Enrique de Castro y las madres contra la droga’. Quiero decir que tenía y sigo recopilando materiales. Pero desde que me centré en este, ha sido un año. Para mí lo más importante de este libro es que es coral. Los testimonios de la gente, de amigos de aquí del barrio, que han sido capaces de poner en un papel sus testimonios, tienen una gran autenticidad y muestran sin cuentos chinos lo que ha sido su vida. Me han dejado sus fotos, hemos tenido horas interminables de conversaciones, así que lo hemos escrito entre todos.

¿El propósito final del libro era rendir tributo al barrio por sus 50 años como vecino?

En realidad, serían dos los objetivos del libro. Por un lado, sí, digamos que es un homenaje personal al barrio donde vivo desde hace 50 años, pero también un intento de enfrentar los estigmas que se escriben sobre nuestro barrio.

¿Cuál de todos esos estigmas le molesta más a usted o le parece más injusto con Entrevías?

Por ejemplo, la serie de televisión ‘Entrevías’, pero con premeditación, alevosía y nocturnidad. Es que es indignante. Es cierto que ha habido varios factores que han incidido bastante en los estigmas que hay sobre nuestro barrio. O sea, que en Entrevías han estado los últimos poblados de venta de heroína que existían en Madrid, Pies Negros, La Celsa, las Barranquillas... Todo eso son cosas que han acabado estigmatizándonos bastante y ese tipo de estigmas no se ajustan a lo que es este barrio, que es un barrio que se construye en el franquismo, mayoritariamente de vivienda pública, y donde todos los habitantes que vienen a los pisos públicos proceden de chabolas. Un barrio obrero y trabajador, como cualquier barrio de las afueras de Madrid.

Lo que no se puede negar es que la historia de Entrevías siempre ha estado asociada al chabolismo, la droga, la inseguridad, el paro, la okupación. A lo largo de estos 50 años que ha estado viviendo usted allí, ¿cómo ha visto evolucionar al barrio desde dentro? ¿Cree que es distinta la imagen que se tiene desde fuera a la realidad que viven ustedes?

Totalmente. Por ejemplo, nosotros llegamos aquí desde las chabolas de Palomeras en el año 73, fecha en la que el chabolismo queda erradicado de Entrevías. Hay dos fases de construcción del barrio una que es del 56 al 62 y otra del 63 al 73. A partir de este momento, solo quedan un pequeño poblado a la entrada del barrio, que luego fue los Pies Negros, y otros dos, Santa Catalina y La Celsa. En cambio, en el Pozo del Tío Raimundo, que está pegado, se eliminan las chabolas diez años después, en el 84.

Hay que aclarar que el concepto de chabola de entonces no coincide con la imagen actual que tenemos de esta infravivienda.

Hay un arquitecto, Jaime de Alvear, que es el que dirigió las obras de construcción de todos los barrios de Entrevías, que lo explica en el libro. No tienen nada que ver con las imágenes que tenemos después de lo que son los barrios de poblados chabolistas, sino que eran casas que se construía cada familia, sobre todo por la noche, para que no se la tiraran. Eran como las casas de la Mancha, de Andalucía, todas encaladas. Lo que pasa es que bueno, eran infraviviendas, tampoco tenían agua, algunas tenían pozo, pero no había alcantarillado al principio. Eso se fue añadiendo después. Allá por el año 56, en Entrevías había más de 4.000 chabolas. Con el tiempo, en 1973, pasó a haber 12.000 viviendas públicas en bloques de 4, 6, 12 plantas y lo que hay ahora.

Una de las particularidades del barrio es la emigración. Antes eran inmigrantes de otras provincias de España, hoy ya son de otros países. ¿Los motivos que les traen a vivir a Entrevías son los mismos?

Entonces Entrevías era el extrarradio, o sea, de Vallecas para allá terminaba Madrid. Hoy en día, la vivienda en Entrevías sigue siendo de precio muy bajo. Por eso los inmigrantes que pueden se vienen aquí. De todos modos, Entrevías es un barrio que no es de paso, está rodeado de vías por todos lados. Eso es lo que también ha hecho que sea un barrio particular en el que todo el mundo se conocía. Por aquí no se pasa para ir de un lado a otro. No, aquí vienen los que viven aquí. Claro, que ahora tenemos el carril bici que bordea el parque y pasan ciclistas, y al parque, que se inauguró en el año 71, viene mucha gente a correr y andar, porque es uno de los más grandes de Madrid. Pero aquí no ves turistas, no ves gente que venga de fuera. Ahora ocurre que están viniendo más inmigrantes, porque la población que hay es mayor y, según se va muriendo, muchos de esos pisos están siendo ocupados por las nuevas olas migratorias que llegan a la ciudad.

"Aquí no ves turistas, no ves gente que venga de fuera"

La vecindad de Entrevías ha sido siempre muy activa, en particular frente a graves problemas de convivencia en el barrio, como la droga.

Cuando en nuestro barrio y todos los barrios de toda España arrasa la heroína, a mediados de los 80, se levanta un movimiento que se llama ‘Madres contra la droga’, que nace en la parroquia que aparece en la portada del libro, San Carlos Borromeo. Lo primero que hacen es ir llevando lugares de puntos de venta de droga al Parlamento. Hacen que cambie todo el sistema, porque hasta entonces hay muchos drogadictos, pero no hay nada en España para enfrentarlo, ni instituciones creadas para luchar contra ello, ni centros donde poder rehabilitarlos. A raíz de ese movimiento que nace en Entrevías, empiezan a hacerse políticas sociales en toda España para tratar el tema.

La heroína en los 80 arrasa. No hay bloque en Entrevías donde no muera alguien por la heroína. Hay dos generaciones arrasadas en este barrio y en muchos otros. Luego ya en los años 90 es cuando nacen los híper de la droga, precisamente debido a las denuncias. Los hay que se van a poblados como La Celsa, los Pies negros, la Barranquillas, donde 5.000 yonkis entraban diariamente a comprar, con lo cual todo el entorno, nuestra vida, quedaba alterada porque éramos el hipermercado de la heroína de Madrid.

Entre las curiosidades que recopila en ‘Historias de Entrevías’ figura un curioso episodio: un concurso de caza de ratas en 1976. ¿Cree que es un ejemplo perfecto de cómo el barrio hacía de la necesidad virtud?

Pues sí, creo que además el primer hito del movimiento vecinal en el barrio fue la famosa cacería, pero bueno, fue una manera de llamar la atención. Y una de las primeras actuaciones de las asociaciones de vecinos de los años 70, que es cuando nacen. Empiezan a intentar conseguir las dotaciones públicas que cualquier barrio necesita. Y en ese sentido es muy curioso, porque Entrevías es un barrio dotado de servicios públicos que, con los habitantes que tiene y en el espacio que ocupa, probablemente en Madrid haya pocos barrios en otros distritos tan bien dotados. Aquí hay un centro cultural con un salón de actos con capacidad para 300 personas, tenemos piscina cubierta, piscina descubierta, pabellones cubiertos y polideportivos con diferente tipo de instalaciones.

"Probablemente en Madrid haya pocos barrios en otros distritos tan bien dotados"

Han terminado consiguiendo cosas que muchos otros distritos que no están tan estigmatizados no tienen.

Claro. Por ejemplo, aquí hay un club de rugby que no era de este barrio y que ahora se ha asentado aquí. Hay equipos de vóley playa, porque tenemos un polideportivo aquí, con tres canchas cubiertas, con unas dotaciones y unos servicios que hace que mucha gente, incluso de fuera del barrio, venga a practicar aquí esos deportes. Para eso estuvieron las asociaciones de vecinos luchándolo en los años 70 y 80, para que se consiguiera que el barrio tuviera las dotaciones que según el número de habitantes debería de tener.

Entre las noticias de la prensa que publica se puede leer también que en 2013 la probabilidad de que le robaran el coche a alguien en Entrevías era la más alta de Madrid. ¿Alguna vez le han robado usted el coche en su barrio?

Pues sí, unas cuantas. Ha habido épocas que sí. Si usted vive en un barrio donde hay un poblado al que vienen todos los días varios miles de yonkis a comprar su dosis, pues puede usted tener la certeza de que la vida cotidiana y la seguridad en el entorno se va a ver modificada.

¿Qué significó para el barrio la comunidad Jesuita del Pozo y el padre Llanos?

Pues todo. La llegada del padre Llanos en el año 55, hablando con el lenguaje de hoy en día, visibiliza un problema que tiene Madrid, que es el problema del chabolismo. Él tiene la capacidad de conseguir que cientos de estudiantes universitarios vengan los fines de semana a colaborar en su labor tanto de educación de adultos como de ayuda para crear comunidad o dispensarios médicos y llamar la atención sobre las necesidades que el barrio tiene. Y una manera también de estar en el mundo e incluso de crear una moral que se va uniendo con las reivindicaciones. Todos nos conocíamos en clubes juveniles de parroquias. Quiero decir que el papel jugado por la Iglesia aquí es clave. Sí, de hecho, incluso lo sigue jugando. Ahí tenemos al San Carlos Borromeo, que es un modelo parroquial que no tiene nada que ver con el modelo de la jerarquía eclesiástica de hoy en día y que sigue cumpliendo su papel de ayuda a inmigrante y a diferentes colectivos desfavorecidos.

Esa particularidad de ser una isla, ¿cree que influyó para que, en plena Movida Madrileña, en Entrevías la música que más sonaba era el heavy, el rock y la rumba que cantaba a la droga?

La Movida es un invento de los pijos. Lo dicen aquí varios testimonios en artículos, lo digo yo y lo dice mucha gente. La Movida fue un invento de los pijos y del régimen que se crea un rollo. Cuando nace la Movida, en los barrios estaban Topo, Asfalto, Leño, Obús, Barón Rojo. En las fiestas de San Isidro, la noche del heavy metal había 250.000 personas. Aquí lo que arrasaba y lo que se vendía era el rock urbano que además era el rock que mostraba lo que lo que ocurría en los barrios. Al inicio de cada capítulo del libro pongo un poema o una canción. Todas desde los años 70 son del grupo Topo. Desde ‘Vivir en Vallecas’ hasta ‘Los chicos están bien’, canciones que reflejaban lo que era la ciudad. Y las canciones de Burning estaban ya aquí funcionando, el rock de Triana de finales de los 70 y principios de los 80 en España, Lole y Manuel, y luego los Chichos y los Chunguitos. Eso es lo que se oía, no era la Movida, pero bueno, ese el relato que nos han vendido, como tantas otras cosas.

"Entrevías es un edén rodeado de zonas verdes"

¿Hay un orgullo de ser de vallecano de Entrevías?

Hombre, por supuesto, hay orgullo de ser vallecano y luego orgullo de ser de Entrevías. Porque los vallecanos somos muy graciosos. El que es de Entrevías es de Entrevías, el que es de Palomeras es de Palomeras, el que es de El pozo es de El Pozo y el que es del pueblo es del pueblo. Tenemos dos orgullos, primero el del barrio de donde somos, luego el vallecano y luego ya, en tercer lugar, el madrileño. Pero bueno, la M-30 es una barrera y sigue siéndolo. Lo que puede cambiar el barrio en las próximas décadas creo que es que ahora está en el centro de Madrid. Entonces la gentrificación se va notando también. Lo que pasa es que aquí hay mucha gente que va a aguantar hasta el final. Pero vamos, es que tú coges el tren y en una parada es Atocha. En dos te pones en Sol o Recoletos. Por un lado tenemos la M-30 y por el otro la M-40 a dos minutos, o sea, que estamos en el centro. Es que no era como antes, que tenías que coger la camioneta, pasar los túneles para salir del barrio hasta que llegabas a Atocha.

Entre los textos que aparecen en el libro incluye uno de Francisco Umbral de 1983 que comienza “Al este del Edén de Vallecas está Entrevías”. ¿Reivindica usted Entrevías como un paraíso?

Sí, es como una isla, es un edén rodeado de zonas verdes. Y luego en lo que es la planificación, también tiene muchas plazas y muchos parques.

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