Todos sabemos que los seres humanos percibimos, sentimos y relatamos aquellos procesos vitales y sociales que nos rodean de forma subjetiva. Esta circunstancia se puede, quizás, acrecentar aún más si el sujeto pertenece o es miembro de la clase política por un “ingenuo optimismo” por el objetivo o con la intención de sumar nuevos miembros y seguidores a sus propios postulados.
Pero hay hechos que por más que un gobierno nos quiera maquillar, “son infumables”. En nuestra España, por desgracia, somos líderes en desempleo europeo. El precio de la energía eléctrica en los últimos días está por encima de los 360 euros Mwh; el precio del diésel y la gasolina -aunque bajo en las últimas semanas- sigue marcando por encima de 20 euros cuando llenamos el depósito cada día.
La cesta de la compra está por las nubes y las familias españolas tienen problemas para realizarla con el incremento de los precios por encima del 10%. La vuelta al cole se va a convertir en una rampa imposible de ascender.
Los incendios forestales en nuestro país suponen el 40% del total de la superficie quemada de toda Europa y este año se ha quemado una extensión equivalente a los últimos cinco años. Además, tenemos una importante sequía que va a incrementar el coste de los piensos y los alimentos. Todo ello, sumado a muchos más problemas que ya tenemos, como el sostenimiento de las pensiones, la baja natalidad y la sanidad.
Por cierto, aquellos del “cuento chino” de la privatización y la precarización de la sanidad madrileña, que paren ya y que la comparen con la catalana, la valenciana o la extremeña, que vean los días en las listas de espera.
Y si seguimos, podemos contar nuestras relaciones internacionales con Argelia y Marruecos, o los pactos vergonzantes con los herederos de ETA. La triste realidad es que “pintan bastos”. Nuestra economía está en coma y el caos en la gestión de los fondos europeos no va a mejorar ni transformar nuestra estructura económica, perdiendo una gran e histórica oportunidad. Realidad y sentido común es aquello que se espera de un presidente de gobierno pero, en nuestro caso, para él es imposible. Sólo piensa en un Falcon.