Osasuna y Real Madrid han firmado tablas
(2-2) en el encuentro disputado en el Sadar, en un partido en el que los
blancos comenzaron perdiendo 2-0, pero acabaron empatando, y en el que
ambos conjuntos acabaron con un jugador menos por las expulsiones de
Sergio Ramos y Silva. Para los blancos, este resultado supone un paso atrás en la lucha por la liga.
El Real Madrid vuelve a darle la oportunidad a Atleti y Barça de
hacer hueco en la clasificación después de no ganar en uno de sus campos
malditos. Y eso que el equipo de Ancelotti empezó bien el partido.
Dominando, con criterio en la circulación de balón y presionando a
Osasuna (asfixiándolo) más bien, cuando los navarros trataban de salir
jugando la pelota. Con Modric y Xabi multiplicados, robando balones y
alimentando a sus delanteros.
Pero eso fue un espejismo. Apenas duró diez minutos. Lo que tardó
Osasuna en quitarse el miedo de encima después de comprobar que
Cristiano Ronaldo estaba en su versión más humana. En esos minutos de
dominio madridista, el luso falló un par de controles en el área y un
mano a mano de los que no suele perdonar. Hasta el mejor escribiente
echa un borrón. Osasuna se encontró vivo tras ese acoso inicial y si hay una
lección que todo visitante debe sacar cuando va a Pamplona es que si
tienes oportunidades, no debes fallarlas. Osasuna lleva toda la vida
viviendo de lo mismo en El Sadar. Una mezcla de fe, lucha, constancia,
espíritu indomable y un aprovechamiento al 150% de sus recursos y sus
oportunidades.
En 20 minutos, el conjunto navarro golpeó dos veces. Los dos goles
tuvieron muchas cosas en común. Una defensa calamitosa y un jugador,
Oriol Riera, que le está dando a Osasuna un resultado excelente. En el
primer gol, el catalán se aprovechó de un error colosal de Pepe en la
marca; en el segundo, de los eternos problemas del Madrid a balón
parado. Antes de diseccionar los errores de los merengues, deben
ensalzarse las virtudes de Osasuna. Porque a todo lo citado
anteriormente, hay que añadir una muy importante. Osasuna sabe jugar con
la pelota. Gracia ha encontrado un equipo y un sistema con el que el
balón no quema.
Evidentemente es muy difícil dominar al Real Madrid, pero ayuda
mucho saber tratar la pelota para no encerrarse cuando un equipo de esta
identidad viene cual jabalí herido. Además, ni siquiera necesitó
Osasuna un estadio a reventar. La directiva osasunista fijó precios
astronómicos para las entradas y la gente respondió no llenando El
Sadar.
La virtudes de Osasuna (puestas por delante, por merecimiento) se
encontraron además con los defectos del Madrid. Un equipo que se volvió a
parecer más al del inicio de temporada que al que lleva un mes
desplegando un juego bonito y contundente. Y además, mostró algo que en
el Bernabéu es imperdonable: indolencia. Poca alma en definitiva. Los de Ancelotti estuvieron mal como equipo y en lo individual. De
la parte ofensiva solo se salvó Isco, autor del 2-1, y los primeros
minutos de la dupla Xabi-Modric. Lo demás fue nulo. Ni Benzema, ni Bale,
ni su sustituto Di María aportaron nada al equipo. El juego del Madrid
fue plano y sin ideas, como en las salidas de inicio de temporada.
Y si malo fue el ataque, la defensa fue aún peor. Ancelotti se
decidió por sus dos laterales ofensivos (Marcelo y Carvajal) y por la
dupla Pepe-Ramos en el centro de la zaga. El luso y el sevillano
tuvieron un día para olvidar. Pepe falló en el marcaje del primer gol y
Ramos se autoexpulsó poco antes del descanso. Es cierto que puede que fuera una expulsión rigurosa (la primera
amarilla es dudosa), pero Ramos adoleció de su dilatada experiencia. Su
expulsión, unida a la quinta amarilla de Pepe, le trae un problema
añadido al Madrid, ya que con Varane lesionado hasta enero, afrontará el
duelo ante el Valencia con Nacho como único central puro.
Por hacer el reparto justo de errores, también Ancelotti tuvo los
suyos. El italiano se dio cuenta demasiado tarde de que Xabi Alonso es
un futbolista excepcional, pero no puede jugar de central. Aunque saneó
la salida del balón y tuvo alguna acción de mérito, le faltó velocidad y
oficio. Y, además, quitó a Isco cuando no había nadie del Madrid que
estuviera mejor que el andaluz.
Sumando aciertos de unos y errores de otros, el Madrid, que logró
el 2-2 con un cabezazo a falta de diez minutos, casi debe darse por
satisfecho. Porque hubiera sido justo que hubiera ganado Osasuna en El
Sadar. El Madrid sigue con su mala racha en Pamplona (solo una victoria
en las últimas seis visitas) y da un paso atrás en su lucha por la Liga.