Madrid, a diferencia de lo ocurrido en muchos casos, vio nacer, crecer y morir a uno de los autores más importantes del Siglo de Oro español. 450 años después de su nacimiento, Lope de Vega es uno de los escritores que más huella ha dejado en la ciudad.
El 25 de Noviembre de 1562, nacía Félix Lope de Vega y Carpio en la calle Mayor número 50, muy cerca de la calle Bordadores, profesión que tenía su padre. Tras estudiar en los jesuitas, abandonó la Villa y Corte a los 15 años para trasladarse a la universidad de Alcalá de Henares donde no terminó los estudios. No volvería a Madrid hasta 1595, después de vivir experiencias como su alistamiento a la marina —participó en la batalla de la isla Terceira (Azores) a las órdenes de Alvaro de Bazán— y ser desterrado. Al llegar a la ciudad, el artista se convirtió en uno de los más famosos escritores de la época como Cervantes, Tirso de Molina o Calderón de la Barca, literatos con los que compartió amistad y enemistad.

En 1610, Lope de Vega se trasladó a la actual calle de Cervantes donde compró una casa en el número 11, en la que viviría hasta su muerte. En la actualidad, el inmueble, convertido en casa-museo, es uno de los pocos ejemplos que se conservan de casa medieval en Madrid.
En esta casa vivió con varias hijas e hijos, fruto de su turbulenta vida amorosa, pues tuvo dos esposas y varias amantes. Cuando su última esposa murió, en 1618, Lope de Vega se hizo sacerdote y siguió viviendo en la misma casa a la que dotó de capilla. En esta casa palacio de dos plantas, Lope de Vega escribió algunas de sus obras más importantes, como ‘Fuenteovejuna’, ‘La dama boba’ o ‘El perro del hortelano’.
A finales del siglo XVI aparecían los primeros corrales de comedias donde se llevaron a cabo multitud de estrenos teatrales. Los corrales eran patios al descubierto donde, en uno de los lados se situaba el escenario y en los otros tres había galerías donde se situaban los nobles y el patio para la gente de condición más humilde.
Los corrales más famosos de Madrid y que se encontraban en el actual barrio de las Letras fueron los situados en las calles del Príncipe y de la Cruz. Este

último, el corral de la Cruz, estaba situado en la confluencia de las calles de la Cruz y Núñez de Arce. Era el preferido por el rey Felipe IV y por su primera esposa y fue el lugar en el que más le gustaba representar sus obras a Lope de Vega. Lope también representó sus obras en el corral de la Pacheca y más tarde en el del Príncipe, que se levantaba donde hoy abre sus puertas el teatro Español en la plaza de Santa Ana. Lope consiguió cambiar las normas por las que se había regido el teatro hasta ese momento al construir sus tramas de forma más natural y reducir la duración de las obras al dejarlas en tres actos.
En 1635, tras haber escrito varios centenares de comedias, siete novelas, nueve epopeyas y unos 3.000 sonetos, Lope de Vega, de 72 años de edad, murió en su casa de la calle Cervantes. Seguido por una multitud, fue enterrado en el camposanto de la cercana iglesia de San Sebastián, de la calle Atocha. A pesar de la importancia del personaje, en fecha indeterminada, sus restos terminarían en una fosa común. Hoy sigue sin saberse donde están los restos del fénix de los ingenios, como le llamó Cervantes.
Sin embargo, Madrid recuerda a este gran escritor de una forma singular. Prueba de ello es el monumento a Lope de Vega en la plaza de la Encarnación; el teatro Lope de Vega en Gran Vía, 57; el IES Lope de Vega en San Bernardo, 70; la calle con su nombre en el mismo barrio de las Letras; el colegio Lope de Vega en la calle Inglaterra, 8; el centro cultural Lope de Vega en la calle Concejo de Teverga, 1.

En la calle Huertas pueden leerse frases de 'Fuenteovejuna'; en el pedestal de Álvaro de Bazán, en la plaza de la Villa, el soneto que el escritor le dedicó, y , sobre todo, en su casa-museo, restaurada como colofón a los actos del III Centenario de su muerte y sigue abierta al público 77 años después, primero bajo el patronazgo de la Real Academia de la Lengua Española y, desde 2008, bajo la gestión de la Comunidad de Madrid. No obstante, y a pesar de ser gratuito, el número de visitas no parece acorde a la importancia de este escritor: 18.607 personas en 2009; 21.011 en 2010 y 21.904 en 2011. Los responsables esperan que esta celebración avive el recuerdo de este ilustre dramaturgo madrileño.