viernes 02 de noviembre de 2012, 00:00h
Actualizado: 19/11/2012 13:45h
Llevamos demasiados años en crisis y no parece que salgamos de ella en breve plazo. Demasiados millones de españoles, entre ellos, más de medio millón de madrileños, engordan las listas de las oficinas del paro, demasiados desempleados ya no perciben nada de nada, ni los 400 euros que sirven de tabla de salvación de demasiadas familias, y demasiadas medidas que rebañan el jamón del Estado de Bienestar tan poco a poco pero tan intensamente que si no paran de recortar, sólo quedará el hueso, que ya no servirá ni para dar sabor social si lo cocemos en una cazuela, de la que ya no saldrá más el miedo que nos quieren meter si se nos ocurre discutir, y menos rechazar, lo que han propuesto los que mucho tiene que ver con la situación de la economía para salir de sus tejes y manejes financieros y especulativos.
El paro nos persigue y las Cuentas del Estado ahogan en sus partidas los derechos conquistados a lo largo de mucho tiempo. Menos dinero para la educación, la sanidad y los programas sociales, con lo que se ofrece menos y de peor calidad. Hasta ahora, la única opción ante tanto desastre ha sido indignarse, decir que no nos gusta lo que están haciendo, manifestarse, salir a la calle para protestar como señal de que seguimos vivos, jodidos pero con los ojos bien abiertos y sorprendidos ante la barbarie de los recortadores.
“¡A la calle! que ya es hora de pasearnos a cuerpo y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo”, escribió hace mucho el poeta Gabriel Celaya. Pues eso, ¡A la calle¡ ¿Qué nos están quitando? A la señora Josefa, el Dablón de 500 miligramos, medicamento venotónico que aumenta el tono de las venas y la resistencia de los capilares, que son pequeños vasos sanguíneos. Los que han retirado esté fármaco del listado que el Ministerio de Sanidad subvenciona han olvidado que las personas que están muy cerca de los 90 años a las que su médico han prescrito esa medicina y tienen una pensión de poco más de 500 euros, ahora sienten que los nueve euros que cuesta y que tienen que abonar porque su cartilla de pensionista ya no le sirve para la gratuidad total ni para la atención total, son nueve euros menos en su pensión. El médico le ha dicho que necesita seguir tomando esa medicina, que ya no puede recetarla y que tampoco hay nada alternativo en el catálogo oficial de fármacos de la sanidad pública, por lo que la única salida es comprarla.
¡A la calle!, para pasear en silencio junto a muchos más para decirles a los que recortan que lo que hacen es quitarnos derechos y no sólo medidas transitorias para pagar la deuda al ritmo que marca la prima de riesgo. Ya estaba yo bastante airado y hasta las narices de los recortes después de comprobar que el ascensor de la piscina municipal de Rivas seguía averiado. Más de seis meses impidiendo el libre y accesible acceso a las instalaciones a personas mayores y discapacitadas, y a mujeres empujando carritos de bebé, que han tenido que subir y bajar escaleras, o recorrer las rampas con lluvia que hace el suelo más deslizable, porque no debe haber dinero para pagar al ascensorista. La crisis. La misma que nos obligará a pagar un euro por cada receta cuando el médicos crea que nuestra enfermedad requiere tratamiento. Ya empieza a ser normal seguir apretándonos el cinturón porque lo que antes era gratuito y universal, ya no lo es tanto. Como los hospitales públicos puestos en marcha en la etapa de Esperanza Aguirre al frente de la Comunidad de Madrid. El ‘método Valdemoro’, gestión privada de la A a la Z, se extiende a seis de los inaugurados no hace mucho. Toda la asistencia sanitaria y médica estaba en manos de la Sanidad Pública y ahora estará en manos de entidades privadas que además de cuidar la salud de los madrileños tienen como principal objetivo la cuenta de resultados y ganar dinero, lo que significa que habrá que pagar sueldos de tiempos de crisis y de espera de rescate de nuestra economía. El salario digno es una garantía de calidad asistencial. Ya se sabe que obtener más invirtiendo menos sólo en posible en los trucos de magia.
¡A la calle! para demandar que las ayudas no sólo vayan a los bancos y sistemas financieros y para que se fijen en los ojos de los que sufren y se inundan de lágrimas, que no salen porque piden ver más claramente, para vivir dignamente. Cada persona tiene una razón, la suya, para sentirse indignada. Otros tenemos muchas. Los recortes, los despidos, las tasas, los bajos sueldos…, es lo que hay. Se impone la normalidad y lo que antes era imposible hoy en normal. Empieza a ser normal pagar por casi todo, tener empleo precario y ser condenado por protestar, manifestarse y decir que no queremos más de lo mismo.
Sindicatos, entidades distintas y mucha gente que no tiene detrás más siglas que las de S.O.S ante la que se nos está viniendo encima han convocado una huelga general. El 14 de noviembre es una buena fecha para que todos los que sentimos que la normalidad de hoy no nos pone, que queremos otra realidad, mostremos nuestra rabia y paremos por un día la frenética tensión de la crisis. Si puedes, no trabajes, si te lo ponen muy duro, inténtalo y para, y si estás indignado y consideras que esta movilización no servirá para parar los píes a los que nos empobrecen, al menos comparte con quien desees qué te indigna. Otro amanecer es posible. También que el 14-N seamos una piña pacífica y no violenta que abra los ojos de los gobernantes y sirva para que perciban con nitidez la caricia de nuestro rechazo a medidas que convierten al ciudadano en algo parecido a un esclavo insensible y pasivo mientras le colocan los grilletes de la realidad financiera.
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Periodista. Empezó su carrera profesional en El Socialista, colaboró con medios como Diario 16 e Interviú y durante casi una década intervino en tertulias de la Cadena Ser. Fue presidente de Tele K (televisión de Vallekas). Durante más de 30 años se dedicó a la información autonómica en Servimedia, Ha recibido numerosos premios de la Asamblea de Madrid, el Gobierno regional, la ONCE, Canal 33 y premio APM, entre otros. También ha recibido, tras su jubilación que no retirada, un homenaje de los todos los presidentes de la Comunidad de Madrid y de la Asamblea autonómica. En la actualidad, colabora con Madridiario y Zarabanda.
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