Cuando, en 2010, concedieron a Sancho Gracia el TP de Oro a toda una carrera televisiva, tuve oportunidad de acompañarlo mientras atendía a los medios de comunicación en una improvisada sala de prensa. Era un hombre agotado, pero feliz. Había vencido un par de veces al cáncer y esa noche volvía a recibir el cariño del público y el respeto de sus compañeros.
Cuando, en 2010, concedieron a Sancho Gracia el TP de Oro a toda una carrera televisiva, tuve oportunidad de acompañarlo mientras atendía a los medios de comunicación en una improvisada sala de prensa. Era un hombre agotado, pero feliz. Había vencido un par de veces al cáncer y esa noche volvía a recibir el cariño del público y el respeto de sus compañeros. Pero habían pasado más de treinta años desde que ascendiera a la cúspide de la popularidad gracias a la serie de TVE “Curro Jiménez” (1976). Y más de cincuenta desde que, a las órdenes de Margarita Xirgu, interpretó en Uruguay, donde su familia estaba exiliada, Sueño de una noche de verano (1957) y Bodas de sangre (1961).
Se estableció en España a principio de los años sesenta empezando a trabajar inmediatamente en el teatro a las órdenes de los mejores directores del momento: Luis Escobar, José Osuna, González Vergel, Montesinos… Y una serie de títulos en las décadas sesenta y setenta que consolidaron su prestigio: Calígula (1962), El sirviente (1964), Mañana te lo diré (1966), El amante (1967); La mamma (1969), Fortunata y Jacinta (1969) o Tiempo de espadas (1973).
Como no podía ser menos, su apostura y su formidable voz llamaron la atención de incipiente televisión en España y grabó series como Diego de Acevedo (1966), La rueda (novela, 1967), La vergonzosa ternura (novela, 1968, Cinco cartas desde Alemania (novela, 1967), El alcalde de Zalamea, 1968; Visto para sentencia (1971), El estudiante de Salamanca (novela, 1972), Los camioneros (1973), La máscara negra (1981) y Los desastres de la guerra (1982), además de varias decenas de personajes en teatro grabado: Siegfried, (1964); No hay burlas con el amor, (1967); Un hombre nuevo, (1967); El alcalde de Zalamea, (1968); Jazz, (1970); Tiempo de espadas, (1972); Doce hombres sin piedad, (1973); Mañana te lo diré, (1981) y Calígula, (2001). Nuevamente asumió papeles protagonistas en series para televisión en 2005 con Lobos y en 2006 con La dársena de poniente.
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Y, como siempre que repasamos la obra de estos actores, nos sorprende su capacidad de trabajo, porque también en los sesenta comenzó a rodar para el cine: La otra mujer (1964), Las últimas horas (1965), Es mi hombre (1966), Robo de diamantes (1966), El club de los solteros (1967) y Simón Bolívar (1968). Después vendrían Marco Antonio y Cleopatra (1972), La selva blanca (1972), Guerreras verdes (1976), De tripas corazón (1984), La hora bruja (1985), Gallego (1987), Montoyas y Tarantos (1989), Huidos (1992, que firma como director), Cachito (1995), La comunidad (2000), Hasta aquí hemos llegado (2001), 800 balas (2002), La caja 507 (2002), El crimen de Padre Amaro (2002) rodada en México, Mala uva, (2004), La bicicleta, (2006), Los managers, (2006), Balada triste de trompeta, (2010) y Entre lobos, (2010).
Tras casi dos décadas alejado del teatro, Miguel Narros lo rescató en 1990 para su Combate de negro y perros (1990), protagonizando después Don Juan Tenorio, (1995); Goya, (1996) y Panorama desde el puente (2000). Con Narros también hizo su última producción teatral en 2008; La noche de los generales, su despedida de los escenarios.
Estaba en posesión de la Medalla de Oro de las Bellas Artes (2002) y del Premio de la Asociación de Cronistas y Espectáculos de Nueva York (2002).
Su hijo, Rodolfo Sancho apareció en televisión hacia 1994 con la serie Hermanos de leche, 1994 y se ha convertido en un digno sucesor de la labor interpretativa de su padre en cine, televisión y teatro, si bien en la escena todavía no ha tenido oportunidad de crear un gran personaje.
Félix Sancho Gracia había nacido en Madrid el 27 de septiembre 1936 y ha fallecido en esta ciudad la noche del 8 de agosto.