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Escuela de la desobediencia: alumna aventajada

Escuela de la desobediencia: alumna aventajada

sábado 23 de junio de 2012, 00:00h
Actualizado: 25/06/2012 18:34h
Cristina Marcos y María Adánez son profesora y alumna en una singular escuela de desobediencia que, en realidad, es una clase de introducción al erotismo con base en los textos de Pietro Aretino, un poeta y dramaturgo italiano del siglo XVI. El montaje teatral se puede ver en el teatro Bellas Artes.
Paco Becerra ha realizado la dramatización para la escena, estructurando el espectáculo en tres tiempos: el adoctrinamiento, la consumación y la superación. Unas ligeras ilustraciones musicales en directo marcan las transiciones.

Susanne (Cristina Marcos) es una cortesana huérfana y viuda. Por tanto no tiene carceleros en su vida. Acude a casa de la inocente Fanchon, firme candidata a entrar en un convento, para aleccionarla en las artes amatorias. En las del sexo, más bien. A pesar del susto inicial de la jovencita, va desgranando descripciones y situaciones con un lenguaje directo, divertido y libertino. Y, como suele suceder, la alumna, que accede a consumar su primera experiencia, se revela como una aventajada discípula.

En el fondo no es tanto una introducción al sexo como al pensamiento, a la cultura. Fanchón es inocente en todo porque ella sí está sometida a padres y hermanos. Su destino parece ceñirse a tres opciones: esposa, monja o puta. Y lo que Susanne quiere provocar en ella es la rebelión a ese destino. Durante hora y media asistimos a la evolución de la joven hasta que, inevitablemente, debe enfrentarse a las órdenes de los hombres. Entonces surge una opción distinta que acaba sorprendiendo a la maestra. Precisamente el final del espectáculo es la parte más endeble del mismo. Durante la representación se salvan los escollos de un larguísimo diálogo, sin apenas acción. Pero, teniendo en cuenta la época de ambientación, las salidas son muy pocas y tenemos la sensación que se acaba la función porque se ha cumplido la duración convencional. ¿Qué hará finalmente Fanchon? Podemos intuirlo, pero solo eso.

Estupendo trabajo de interpretación el de las dos actrices. Cristina Marcos con una seguridad y un sentido del humor que hacen muy creíble su magisterio e influencia sobre la otra joven. María Adánez pasa del infantilismo a la madurez en una brillante escena-monólogo, dentro de la bañera, narrando su primer encuentro sexual. Ambas sostienen el ritmo de la representación, con un sutil ejercicio de movimiento escénico marcado por Luis Luque, el director.
Estrenado el espectáculo hace ya meses, entra en Madrid para una corta temporada estival sin que ello signifique, como antaño, que es un montaje menor para cubrir el hueco veraniego.
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