Nueve años en el infierno
lunes 21 de mayo de 2012, 00:00h
Actualizado: 28/05/2012 08:57h
Nueve años han pasado ya desde el cruel asesinato de Sandra Palo. Más de 3.285 días, con sus terribles noches, en que sus padres y hermanos se han consumido por la pena y la impotencia. Una herida que no se cierra nunca, porque en esta familia parece haberse cebado el dolor. Pero ¿quién podría olvidar, y seguir viviendo, tras algo así? Y más cuando ves cómo los asesinos, juzgados y condenados,van saliendo uno tras otro. Fueron cuatro, tres de ellos menores de edad entonces. Ahora, acaba de salir en libertad el último de estos menores. Nueve años. 3.285 noches de rabia y de llanto después.
Cada nueva actuación es otro puñal, otro puñado de sal en la misma herida. La última, la salida de Ramoncín. Escoltado, oculto de los medios,protegido por quienes tienen como misión defender la ley. Esa ley que le defiende hasta de los insultos y la mirada implacable de unos padres que no pueden olvidar.
Hay algo de antiguo y de macabro en las actuaciones en torno a este caso, algo que parecería ensañamiento si no supiéramos todos que eso no debe,no puede ser verdad. Tantas veces esa madre se ha chocado con el muro de la más absoluta incomprensión, cuando sólo pretendía la paupérrima satisfacción de escupir e insultar a quienes le hicieron todo ese daño. Esos que ahora salen protegidos por la ley y la fuerza, como si la asesina, la violadora, la alimaña capaz de quemar viva a una persona de 22 años, fuera ella.