Por
Pedro Fernández Vicente
miércoles 07 de marzo de 2012, 00:00h
Actualizado: 28/03/2012 14:38h
En estos tiempos de crisis en el que los medios de comunicación solo destilan noticias decepcionantes, muchos ciudadanos vuelven la mirada a otros sectores más reconfortantes. Porque, además, siempre es en estas épocas duras para la economía cuando aparecen soluciones que durante los años de bonanza permanecían escondidas y disfrazadas por el ocio. Será porque hay menos dinero para holgar y se emplea más tiempo en la reflexión. Es posible.
Por eso, por las posibilidades que proporciona la investigación y el estudio en estas etapas deprimidas económicamente, no conviene descuidar la inversión en I+D, que es justo lo que hacen nuestros políticos. Antes o después se darán cuentan del error, espero que sea lo antes posible.
Pero no es de eso de lo que quiero hablar. Quiero traer a estas páginas la noticia de un descubrimiento de investigadores españoles, tanto que él se llama Manuel y ella Ana y pertenecen al Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas. Ellos y el grupo de trabajo que dirigen han dado con un compuesto farmacológico, si no lo he entendido mal, que además de frenar y eliminar la aparición de tumores cancerígenos, que de por sí ya tiene un significado más que destacado, controla el crecimiento de la grasa blanca maligna, peligrosa y potenciadora de muchos males en el organismo. Creo que el descubrimiento merece un aplauso, algo más prolongado que muchos otros acontecimientos que se producen en nuestro país como, por ejemplo la boda de la Duquesa de Alba, el gol de Messi, la firma del contrato de Guardiola o la final de copa del Rey.
Un descubrimiento como el que acabo de mencionar que tiene como tercera propiedad alargar la vida entre 10 y 12 años y mejorar la calidad de esa prolongación, merece una portada en todos los diarios. Pero no, lejos de eso, han tenido que publicar su trabajo en la revista Cell Metabolism, que está en inglés. Y lo que más me ha llamado la atención es que se han asomado al ABC para pedir ayuda y que alguien quiera pagar los ensayos clínicos para que dentro de unos años esa píldora, o el formato en el que se expenda el medicamento, sea una realidad en todas las farmacias.
No sé qué podría hacer por ayudar a que este proyecto caminase hacia un final feliz pero me gustaría aportar mi granito de arena. Es que veo que al final empieza publicándose en una revista en inglés, como toda ciencia que se precie, y termina con patente americana. Eso si no lo es ya.
Manuel Serrano y Ana Ortega os animo a organizar una recolecta popular. Estoy dispuesto a empezar, ¿dónde?