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Los joyeros, en el punto de mira

Los joyeros, en el punto de mira

Por David Canellada
miércoles 26 de octubre de 2011, 00:00h
Actualizado: 11/11/2011 19:17h
Vendidos. Así es como se siente el grueso de los joyeros madrileños ante el constante acoso de butroneros, descuideros o atracadores violentos. Es prácticamente imposible encontrar a alguno que no haya sufrido algún 'susto' en los últimos años. Y eso provoca miedo, un miedo que lleva al sector a una especie de silencio sobre las medidas que cada uno adopta ya que muchos de ellos han padecido un asalto alguna vez.
La situación, para colmo de males, ha empeorado en los últimos años. La crisis ha disparado el precio del oro, y eso ha vuelto a colocar el foco sobre un colectivo siempre marcado en rojo sobre la diana de la delincuencia. "Los dos o tres últimos años han sido los peores de los 20 que llevamos trabajando", confiesa la propietaria de una pequeña joyería familiar situada en el centro de Madrid que, como sus colegas, prefiere no identificarse.

Tiene razones para ello. El último asalto lo padecieron hace apenas unos meses, cuando un individuo armado entró en la joyería y amordazó a los dos dependientes que estaban en la tienda en ese momento. Poco antes, en agosto del año pasado, también habían intentado reventar una de las vitrinas a base de hachazos.

El suyo fue sólo uno de los 178 atracos a joyerías que se produjeron el año pasado en la Comunidad de Madrid. Esta cifra -incluida en un estudio sobre seguridad elaborado por el Gremio de Joyeros, Plateros y Relojeros de Madrid-, sitúa el 2010 como uno de los peores años de la década, muy por encima de los 139 asaltos que se registraron el año anterior. Entre el año 2007 y el 2010, este incremento se ha situado en Madrid en un 74 por ciento.

Pero el presente no pinta mejor. Entre enero y agosto del presente año, las cerca de 1.200 joyerías que hay en la Comunidad de Madrid han sufrido ya 159 robos. Sólo el último fin de semana, según fuentes de la asociación, las bandas organizadas asaltaron dos joyerías en Madrid y lo intentaron con otras dos. "La situación se agrava cada vez más -denuncia el secretario general del Gremio, Armando Rodríguez-. Y octubre está siendo un mes terrible".

La única opción para tratar de evitar sustos indeseados es invertir en seguridad. Pero ni siquiera esto es una garantía. Como media, cada joyería debe dedicar un mínimo de 10.000 euros para hacer frente a los atracadores con vitrinas blindadas, vigilantes de seguridad o cámaras de videovigilancia conectadas simultáneamente al móvil del joyero y a la policía. "Valdría la pena si hubiese una garantía de que no vas a tener problemas -lamenta Rodríguez-, pero al final se convierte en un gasto porque luego resulta que los sistemas no funcionan", denuncia.

Gasto o inversión, lo cierto es que la presencia de vigilantes privados -generalmente armados- se ha convertido en un elemento cotidiano dentro del paisaje de las joyerías, sobre todo de las más grandes y de aquellas que pertenecen a las grandes cadenas internacionales. Como el silencio, una herramienta que estas grandes firmas emplean de forma casi supersticiosa para mantener alejados a los delincuentes.

Cartier, Carrera, Bulgari... Ninguna de ellas habla "sobre cuestiones de seguridad" ni, por supuesto, admite haber sido víctima de un robo. Pero lo son. Una de las últimas, una prestigiosa joyería situada en la calle Serrano que dos individuos intentaron atracar, a plena luz del día, hace apenas unos meses. Afortunadamente, los protocolos de seguridad funcionaron correctamente y se activaron los sistemas que cierran las vitrinas con las joyas.

Otro de los joyeros de esta misma calle no tuvo tanta suerte. Dos individuos en moto reventaron una vitrina blindada de un mazazo y vaciaron el expositor. Eran las seis de la tarde de un 22 de diciembre. "No nos dimos cuenta de nada -explica una de las propietarias-. Oímos un ruido, y cuando quisimos reaccionar sólo vimos cristales rotos y una moto que se iba". Los atracadores, con el rostro oculto por el casco de la moto, no pudieron ser detenidos.

Esta es, precisamente, otra de las quejas de los joyeros, que lamentan la doble victimización a la que les someten las investigaciones y procesos judiciales. "Al miedo y la impotencia tenemos que sumarle la indefensión judicial que sufrimos cuando vemos que es casi imposible condenarlos si no se les coge 'in fraganti'", denuncia otro de los joyeros consultados por Madridiario.

Otros van más allá y critican las penas "excesivamente blandas" contempladas en el Código Penal -entre uno y cinco años de prisión, en función del tipo de robo-. "A nosotros nos entró un tipo armado, pero le cogieron durante la huida -explica el propietario de una tienda del centro-. A los seis meses, sin embargo, estaba de nuevo en la calle". "Los joyeros estamos completamente desprotegidos -coincide la empleada de una joyería de Pinar de Chamartín asaltada a principios de este mes-. Estamos vendidos y expuestos a que un día nos peguen un tiro".
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