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Tolerancia con los indignados

Tolerancia con los indignados

  

Por Ángel del Río
lunes 17 de octubre de 2011, 00:00h
Actualizado: 31/10/2011 13:18h
 
Los indignados-indignantes están crecidos, no paran, porque van de victoria en victoria sobre los derechos de la colectividad. Se les da manga ancha, se les deja hacer y en ocasiones hasta deshacer escaparates, como ha ocurrido este fin de semana fuera de España. Aquí se les ha dejado manifestarse sin autorización, sin permiso; se les ha dejado concentrarse si tener licencia para ello. La delegada del Gobierno les consiente todo; que ocupen la calle, que se movilicen, que tomen la Puerta del Sol y aledaños. Cuando en Madrid se celebra cualquier manifestación, aunque sea de cuatro pringadillos que defienden sus puestos de trabajo en una fábrica que echa el cierre, la policía les disuelve si no tienen permiso de la Delegación del Gobierno. Cuando unas decenas de vecinos se concentran en protesta porque en su barrio la delincuencia campa a sus anchas, si la Delegación del Gobierno no les ha concedido autorización, se les obliga a disolverse. Cuando un grupo de madres contra la droga protagoniza una cacerolada porque nadie da una salida al problema que tienen sus hijos, les hacen recoger las cacerolas e irse a sus casas, porque no han solicitado permiso a la Delegación del Gobierno. Pero cuando miles de indignados se hacen con la calle por las bravas, se apoderan del espacio público de la Puerta del Sol sin permiso, arruinan el día a los comerciantes, trepan hasta las estructuras de cristal que dan acceso al Metro y okupan un hotel cerrado de la calle de Carretas con el ánimo de alojar en él a personas afectadas por desahucios, la Delegación del Gobierno se llama andanas; la delegada mira para otro lado, se inhibe y deja en el más absoluto desamparo al resto de los ciudadanos, que son la inmensa mayoría.

¿Hasta dónde van a dejar que lleguen los indignados-indignantes? ¿Se les dejará que okupen los escaños del Congreso de los Diputados para que nos legislen? ¿Dejarán que tomen el despacho del gobernador del Banco de España para que dirijan la política monetaria de nuestro país? ¿Se permitirá que okupen las grandes empresas para dirigirlas ellos? ¿Se les dejará que entren en la Moncloa para gobernar el país? Si todo ello dependiera de la delegada del Gobierno, yo no estaría tranquilo.

Ya está bien de consentimientos que rebasan los límites de la ley, de condescendencias con quienes desprecian las normas democráticas de comportamiento, de quienes atropellan los derechos colectivos por que entienden que la sociedad está mal gobernada. Que canalicen sus inquietudes por mejorar el estado de las cosas, a través de los cauces democráticos; que eleven sus inquietudes y su forma de ver las cosas a opinión de los españoles a través de procesos electorales, que se constituyan en partidos y hagan claras sus ofertas. O a lo peor es que no les interesa saber cual sería el nivel de seguimiento real que tendrían en unos sufragios. 

Ángel del Río

Cronista Oficial de Madrid y Getafe

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