lunes 07 de mayo de 2007, 00:00h
Actualizado: 10/10/2007 11:36h
Todo esta listo. A las doce de la noche de este jueves empieza la campaña. Los candidatos tachan los últimos nombres de la lista de inauguraciones y las empresas constructoras incrementan las plantillas para que quienes pagan se sientan contentos de poder cortar la cinta. Da igual que a pocos metros de la sala donde los candidatos se hacen la foto esté todo mangas por hombro; ni importa que el espectador puntilloso descubra que un determinado terraplén tiene plantados tiestos en vez de plantas o que los rebordes de un estanque no hayan sido sellados. Si hay que inaugurar se inaugura y luego ya se arreglarán esas pequeñas deficiencias. Y la consigna llega a quien tiene que llegar. Hay mucho en juego. Quizás las obras de toda una legislatura.
Entre tanto los ciudadanos se acercan a las obras, ante todo, agradecidos no por lo que ven sino por lo que dejan de ver. Atrás queda la contaminación acústica, los escombros, la situación de paisaje tras la guerra. Comparado con ello, todo lo que se ve es precioso. Luego vendrán los problemas de mantenimiento, se detectarán esos fallos que pueden convertir un túnel en una ducha, se subsanarán los problemas que vayan surgiendo. Pero eso será luego. Ahora lo que toca es terminar de inaugurar. Y en algunas plazas como Madrid capital, falta agenda.
El jueves, a las doce de la noche, todo habrá pasado. Por ética, casi todos dejarán de cortar cintas y guardarán la lista de lo realizado para coger la de las grandes y pequeñas promesas, la misma que llevan esgrimiendo cuantos participan en la carrera sin el añadido de "alcalde de" o "presidente de". De momento, a la vista de lo que llevamos oído me preocupa que muchos candidatos sigan empeñados en ofrecer planes basados en la tuneladora, el pico y la pala y las vallas.
Madrid necesita un respiro, necesita reposar, no puede estar siempre como si estuviera huyendo hacia adelante. Es necesario sosegarse, rematar lo hecho, corregir y, sobre todo, mirar no hacia el subsuelo ni al adoquinado, sino más arriba: a los ojos de los madrileños para saber, de verdad, qué es lo que necesitan para poder resolverlo. Sólo así se podrá afirmar que Madrid, además de ser el motor y la primera economía de España es una región más humana y habitable. No es incompatible.