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El conflicto energético

El conflicto energético

El conflicto energético
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Por Pedro Fernández Vicente
miércoles 30 de marzo de 2011, 00:00h
Actualizado: 06/04/2011 11:24h
Cuando parecía que empezábamos a dominar la crisis financiera internacional y los problemas nacionales dejaban de aumentar, aparece la naturaleza con su habitual dureza y nos hace un guiño. El mayor castigo se lo ha asignado a Japón y los japoneses pero el aviso es para todos. Un terremoto de una violencia singular seguido de un tsunami espectacular nos han puesto los pelos de punta al común de los mortales, vivamos donde vivamos, porque lo peor es la huella que nos ha dejado: la certeza de que nuestra seguridad en materia nuclear es la misma que frenar una riada con papel de periódico.

El problema no es lo sucedido, si no qué hacemos. Está claro que no estamos dispuestos a renunciar a las comodidades que nos proporciona la energía. Pues esto nos obliga a reflexionar. Tenemos que elegir. Llegados a este punto no podemos cerrar los ojos y seguir como si no hubiese pasado nada, porque estamos en un laberinto. Ya disponíamos de un buen argumento de preocupación con la dependencia que tenemos del petróleo, del gas y de la nuclear, pero ahora se nos viene encima la exigencia de una mayor utilización de las renovables, es decir, de la eólica y la solar, principalmente, que son las más desarrolladas. La pregunta es ¿podemos conseguir de las renovables todo lo que necesitamos?, posiblemente si, pero ¿cuándo?. ¿Se invierte lo necesario para desarrollarla lo antes posible?. Pues esta es la cuestión.

El mundo siempre ha temido a las centrales nucleares. Estamos hartos de ver manifestaciones en contra de la construcción de una central o de los cementerios nucleares, pero, tengo la sensación de que esas protestas eran pequeñas quejas comparadas con las que vamos a vivir ahora, debido al temor que nos ha dejado Fukhusima. Se va a convertir en imposible la creación de una nueva central y de los nuevos cementerios.

Se ha producido un efecto huidizo. Ahora nadie está a favor de crear nuevos reactores. Quienes la rechazaban se han crecido empujados por el accidente japonés y quienes pedían y aplaudían nuevas plantas para abaratar y mejorar la calidad de vida, callan o bajan tanto la voz que no se les escucha. No corren buenos tiempos para la nuclear. Pero el petróleo nos contamina y lo hace de tal modo que dentro de poco será imposible respirar.

Estamos en un tiempo nuevo al que nos han traído entre los bancos y su crisis; la contaminación, el cambio climático, Fukhusima y quienes se han empeñado, tozudamente, en poner el freno de mano al progreso de las energías renovables. Entre todos nos han traído aquí, pero no sabemos cómo afrontarlo. Entonces, ¿qué hacemos? ¿Estamos dispuestos a pagar más por la misma comodidad? Vaya lío en el que nos han metido. Seguro que la solución, dado el nivel de nuestros administradores, pasa por bajar los sueldos y subir los precios, pero eso sí, los de siempre seguirán ganando lo de siempre, con una energía o con la otra. Ya lo verán.
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