Emma Suárez, Fernando Soto, Daniel Grao, José Luis García-Pérez, José Luis Torrijo y Asier Etxeandía protagonizan esta trama que, según ha manifestado este martes su directora durante la presentación, "ataca a los cinco sentidos y atrapa al espectador en una trampa", al igual que le sucede su protagonista.
Alfredo Traps es un representante de una firma de textiles que decide aceptar la hospitalidad de un anciano, cuya casa solitaria se encuentra en mitad de la nada. Esa noche celebrará una cena con un grupo de amigos de su misma edad, lo que no atrae al joven invitado. Sin embargo, los comensales le invitan a participar en un inquietante juego y el protagonista acepta.
La diferencia entre la ley y la justicia, la falta de humanidad y la pérdida de valores son los temas que subyacen a esta historia, en la que este grupo de octogenarios y nonagenarios -todos ellos juristas retirados- jugarán a ejercer sus antiguas profesiones. "Ahora que la sociedad les ha expulsado, deciden impartir justicia, que no ejercer la ley", indica Portillo.

El protagonista, por su parte, representa a un sujeto que cumple "los trazos que la sociedad le manda". "El ser humano nace con fecha de caducidad y encima nosotros nos ponemos un montón de límites. Todos sabemos que vamos a morir, pero además piensas que lo que no has hecho a los 40 ya no lo puedes hacer, y que cuando llegas a los 65 ya no vales para nada", explica. Esta cena supone un "acto de reflexión" en el que se analizan valores morales como la sinceridad, la amistad, los afectos o la honestidad y en ella se invita al espectador a meditar acerca el lugar y los objetivos vitales hacia los que ha estado corriendo durante tanto tiempo.
Blanca Portillo ha indicado que en esta obra se ha construido el "contrapunto femenino" a través del papel de la cocinera -interpretado por
Emma Suárez- porque, señala, "no se puede vivir sin lo emocional". "Necesitábamos una mujer para que hubiese una representación del instinto, de inteligencia emocional, de lo que nos conecta con nuestra verdad", indica.
Fernando Sansegundo es el responsable de la adaptación y la dramaturgia de un cuento que, según ha señalado, "aunque es corto en cuanto al volumen, es infinito porque podrían realizarse varias funciones". Su función, ha dicho, ha sido la de un "alquimista", porque "para revivir un cuento hay que inventarse otras cosas".
Otro de los logros ha sido, según han indicado, apostar por un maquillaje propio del cine, con el objetivo de dotar a los personajes de un aspecto creíble, algo que nunca se ha hecho antes sobre las tablas y que consigue hacer irreconocibles los rostros de los actores.