lunes 21 de febrero de 2011, 00:00h
Actualizado: 01/03/2011 14:32h
El Tribunal Supremo acaba de rechazar el recurso interpuesto por el Gobierno regional contra uan sentencia del Tribunal Superior de Justiica de Madrid que declaró nulo el acuerdo para desdoblar la M-501, la llamada popularmente "carretera de los pantanos". Dicho en román paladino, los ecologistas, según el Supremo, tenían razón al quejarse por este desdoblamiento.
El debate sobre esta infraestructura fue largo y muy profuso en argumentos de uno y otro lado. Porque es cierto que se arrasó con espacios verdes de gran valor, se destrozó el hábitat de especies animales que fueron expulsadas por la vía de los hechos de la zona, y de paso se aprovechó la mejora de los accesos para recalificar terrenos y hacer operaciones urbanísticas altamente lucrativas. Pero también lo es que la de los pantanos era una vía complicada, demasiado estrecha para el tráfico que soportaba, y donde las estadísticas de accidentes eran todo un clamor.
En cualquier caso, unos con sus razones y otros con las contrarias, quien se ha quedado fuera de juego una vez más por defecto es la justicia: el cruce de acusaciones llegó a los tribunales, hubo sentencia y recursos, y ahora hay nuevo fallo, pero se hace público cuando la carretera ya está desdoblada y los coches pasan por ella a diario, sin respeto ni acatamiento ninguno al documento del Supremo. Sería absurdo pensar ahora en una marcha atrás: el derroche que supondría lo hace inviable. Así que una vez más, la sentencia, por la vía de los hechos consumados, se queda reducida a papel mojado. Sigo sin entender cómo en pleno siglo XXI, cuando Hacienda y Tráfico pueden cruzarse datos sobre contribuyentes, o cuando existen fórmulas técnicas para averiguar quién ha dicho qué a quién vía facebook en cualquier punto del mundo, no hemos sido capaces en este país de introducir algo de agilidad en el ministerio que, seguramente, sea más importante para el recto y correcto funcionamiento de la sociedad.