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¿Qué pasa?

¿Qué pasa?

miércoles 12 de enero de 2011, 00:00h
Actualizado: 28/01/2011 19:09h
Lo sucedido en la España de la transición fue algo absolutamente inédito. La democracia, entendida como conquista histórica, ya se había dado en otros países y gracias a la entrega de muchos que luchaban por implantarla, fue posible también en nuestro país.

En aquel momento tuvieron el gran mérito, que no fue poca cosa, de transitar desde visiones ciertamente extremas, autoritarias e inflexibles a la visión democrática. De alguna manera, incluso sin saberlo, esa generación de políticos se hicieron realmente democráticos. Había gente que no estaba muy convencida de ese tránsito, pero el logro fundamental fue ver que en esa coyuntura era jugar por la carta democrática y lo hicieron. Eso era inédito en ese momento, entender que el autoritarismo, venga de donde venga, impide el desarrollo de la sociedad, y que hacer política implica negociar, negociar y negociar.

Sin embargo y a pesar de tener en muchos casos a los mismos protagonistas, hay diferencias sustanciales entre aquella forma de hacer política y la de ahora. Aquellos políticos se hicieron democráticos pero en la forma de gobernar actual no hay democracia porque se plantea todo en una dialéctica de pensamiento único, o estás conmigo o estás contra mí. Una característica central de la democracia es el pluralismo. Hoy quien gobierna plantea la línea “correcta” y en democracia no hay línea correcta, hay una multiplicidad de criterios, del mismo modo que nuestra sociedad no es homogénea, sino abigarrada y con sus contradicciones. Lo importante es construir a partir de un sentido de estado común para toda la gente y que lamentablemente no se está logrando actualmente porque las posturas de resentimiento no dejan mirar el futuro y salir del “muera” y del “viva”.

Las nuevas generaciones sabemos que la construcción democrática no fue fácil. De ahí surgió una democracia con muchos déficits y con asignaturas pendientes, pero democracia al fin y al cabo. No nos podríamos explicar el actual momento político si no vemos esa construcción de objetividades y subjetividades que se dieron en los primeros años de democracia. Pero ahora muchos luchamos para abrir una nueva etapa en nuestro país, porque hay ideales que son permanentes.

Para mí en este momento ser idealista es ser democrático, pluralista y tolerante, es tener una buena gestión. Y, desde ese enfoque, la pregunta que debemos plantear ahora es: ¿qué está pasando?

El instrumento de participación política que tenemos son los partidos políticos, en los que perdura el mito de estar con el líder o estar contra él. Mi opinión es que todos estamos en la obligación de revalorizar la democracia y poner límites a los excesos de los partidos políticos, porque se están repitiendo experiencias anteriores en un contexto absolutamente distinto, no estamos avanzando. Con demasiada frecuencia los partidos políticos, entran en el contexto de eliminación de las voces discrepantes. Incluso han vuelto al espacio público los viejos instintos autoritarios bajo los cuales se asume como normal o mal menor eliminar a los que piensan distinto.

Independientemente de las convicciones ideológicas y preferencias políticas, es una tarea de todos recuperar la política y luchar contra el pensamiento único, contra el sectarismo, el dogma, la línea correcta y buscar permanentemente coherencia entre el discurso y la práctica, alejados de horizontes revanchistas, discrecionales e informales. Y un buen ejemplo a seguir puede ser, por qué no, lo sucedido en la España de la transición.

Javier Flores es promotor de Responsabilidad Social Ciudadana (RSCi)
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