Cuando escucho al presidente del Gobierno, José Luís Rodríguez Zapatero, me pregunto si sabe que se dirige a personas que viven en su mismo país y son víctimas de su penosa gestión o si, por el contrario, habla en clave de ficción con habitantes de algún remoto lugar de la galaxia interplanetaria de Leire Pajín que jamás hayan pisado España.
Para el discurso del debate sobre el Estado de la Nación, Zapatero ha elegido una versión inventada de sí mismo como dirigente responsable que ha hecho desde el primer momento lo necesario para afrontar la terrible crisis que atraviesa España. Así, ha contando lo duro que ha sido este último año y lo conveniente de todas las medidas adoptadas por su Gobierno, como la congelación de las pensiones y la bajada de los salarios de los trabajadores públicos; el abaratamiento del despido; el nefasto Plan E, que no ha resuelto los problemas de liquidez de los ayuntamientos; o la urgente Ley de Economía Sostenible, parada, aún en Comisión y sin fondos asignados.
No se ha olvidado el presidente del Gobierno de calmar los ánimos de su partido en Cataluña y de sus posibles socios parlamentarios, comprometiéndose a contribuir “al desarrollo y aplicación del “Estatut”, una declaración tan innecesaria como intencionada ya que los términos del cumplimiento de la norma vienen establecidos por el propio Tribunal Constitucional.
Todo esto lo ha dicho Zapatero en un discurso bastante plano, sin novedad alguna que imagino habrá dejado perplejo y bastante preocupado a cualquiera que lo haya escuchado. Es muy descorazonador escuchar a un presidente justificar que ha gestionado bien un país con casi cinco millones de parados, un déficit de más del 11 por ciento y una deuda pública del 55 por ciento. En su realidad paralela, incluso ha llegado a decir que Europa ha avalado su gestión como presidente de turno de la Unión Europea.
Los errores se pueden rectificar, pero si no se reconocen se persiste en ellos hasta agravar la situación. La primera obligación de un buen médico es realizar un diagnóstico adecuado de la enfermedad, para prescribir el tratamiento adecuado. Zapatero, como un mal galeno, persiste en el error o el autoengaño y continúa en la creencia de su impecable y coherente trayectoria como presidente. De hecho, se presenta como el remedio para sacar a España de la recesión. Conviene recordar que es la misma persona que esperó dos años antes de admitir la existencia de la crisis, que se cree tocado por una especie de suerte cósmica y que, en este Debate sobre el estado de la Nación, ha garantizado la victoria sobre la crisis porque en España “siempre hemos salido adelante”. Eso sí, pidiendo el “esfuerzo colectivo” de quienes tantas veces le advirtieron de sus errores.
El habitualmente tranquilo y optimista antropológico Zapatero, sin embargo se transmutó en la hidra de las cinco cabezas cuando el presidente del Partido Popular, Mariano Rajoy le hizo notar que faltaba a la verdad, acusándole de incumplir su programa electoral y reprochándole su política de ocurrencias sin rumbo, que incluyen reformas que unos meses antes rechazaba, como el recorte del gasto social, la congelación de las pensiones o la modificación de la legislación laboral.
La infantil reacción de Zapatero ha sido la descalificación del rival, cuestión que el propio Rajoy ya había adelantado que sucedería. La cansina táctica zapateril de “no hay mejor defensa que un buen ataque”, no ha hecho mella en un jefe de oposición preparado para tomar el relevo. Sin embargo, resulta tremendamente injusta la crítica del presidente del Gobierno, que ha tenido en el líder del PP un aliado para la aprobación de iniciativas como el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria o para posibles acuerdos económicos que Zapatero de ha empeñado en rechazar. El propio Rajoy ha dejado en evidencia al presidente cuando se ha referido a negociaciones en curso como las reformas del sistema financiero y laboral y el pacto energético. Porque, como le ha recordado: “No le han faltado apoyos cuando los criterios han sido claros”.
En este Debate sobre el estado de la nación Rajoy ha pedido la disolución del Parlamento y la convocatoria de elecciones generales como una medida para recuperar el crédito en el exterior pero, sobre todo, porque los españoles necesitamos un presidente que no mienta y que no se resigne, como ha hecho Zapatero, a la parálisis económica del país, a la mayor tasa de desempleo en Europa y a una merma en los derechos sociales adquiridos. Zapatero, ¡aterriza!