No hay crisis que por bien no venga. Debido al Decreto de Salgado que luego no fue, en adelante el “Despropósito de Ley”, (que va a animar la lectura sosa del BOE puesto que habrá que encontrar las “siete diferencias”), Ayuntamiento de Madrid, Comunidad y hasta el alcalde de Getafe van a recortar en pompas y boatos. O lo que es igual, menos coches oficiales y más uso del transporte público, lo cuál va a descubrir un mundo inexplorado para algunos puesto que no saben ni por dónde se mete el billete en la máquina del torno del metro.
Zapatero tardó dos años en reconocer la crisis, el mismo espacio de tiempo que ha tardado Gallardón en admitir que en su Ayuntamiento ataban perros con longaniza. Curioso. Gracias a este recorte hemos sabido que el Ayuntamiento capitalino tiene más coches oficiales que nadie, más que la Comunidad, y que puestos todos en marcha podrían emular una etapa del rallye Cibeles-Dakar por las calles de Madrid en hora punta. El alcalde a la cabeza, por aquello de dar ejemplo, se va a bajar del Audi que tan mala prensa tiene desde lo de Touriño y se pasa a un coche eléctrico que es vehículo poco contaminante y, también, algo pijo. Gallardón prefiere un automóvil que se enchufe puesto que lo suyo en política nunca ha sido “corriente”. Y, a ser posible, un enchufe cerca de Rajoy.
Gracias a estos recortes veremos a consejeros de la Comunidad de Madrid en el transporte público, lo cuál puede estar muy bien ya que uno tendrá la ocasión de departir con Lucía Figar, (pongamos por caso), sobre cualquier asunto relacionado con la autoridad del profesorado mientras se zafa del codo de un paisano en el 9. O, podrá también hablar con Beteta de la economía, o del festival de tapas que comienza este fin de semana.
Será curioso comprobar cómo Pedro Castro vacía despachos de asesores que puestos en fila llegarían hasta la Puerta del Sol. Será simpático que consejeros, ediles, oposición y parlamentarios puedan saludarse en la parada del autobús. Eso si que es parlamentarismo ciudadano.
Cierto es que a algunos les va a costar un disgusto porque sabido es que cuándo se experimenta el coche oficial luego el bonobús da mucha pereza, pero en el Madrid universitario que los políticos sitúan siempre como en el eje de sus recuerdos más dulces, se iba en el metro. Además, si es el mejor metro del mundo deberán usarlo. Ahora sólo falta que cambien el anuncio aquel de la embarazada y rueden otro con los políticos y ya tenemos la “suma de todos”. Sin duda que un homenaje a Alfredo Marsillach autor de “Yo me bajo en la próxima, ¿Y usted?”.